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sábado, 30 de septiembre de 2017

La Reserva Andina Eduardo Abaroa

En algun lugar del sur de Bolivia, mayo del 2017.

Buenos días Mañica
Al día siguiente, iniciamos temprano el recorrido, con nuestros amigos de Quechua Connection. Un desayuno reponedor en el refugio de Mañica y comenzaba el segundo día del tour. Nuestro grupo salió muy temprano y el motivo era que no eramos los únicos en la ruta. Aparte del "Quechua Tour", un sinnúmero de expediciones se apoderaba de los recorridos. Esto significaba que a ratos, los caminos parecían un "rally" por el desierto. A pesar de esto, nuestros operadores se adelantaron en este "cross-country" y empezamos a funcionar una media hora antes que los demás, para bien de nosotros. Aunque a veces coincidíamos con otros grupos, pero nadie se molestaba entre sí y cada uno funcionaba a su propio ritmo. Después de algunas detenciones en el Valle de Coral, cercano al Volcán Ollagüe, entrabamos en una zona donde el desierto se hacía más presente y el color ocre de la arena desértica, comenzaba a desplazar al blanco del salar.
El paisaje del primer día

Los corales en el altiplano 
Poca gente habitaba estos lugares, aunque algunas peculiaridades se hacían presentes. Una aldeana de la zona nos detuvo en las afueras de un corral de llamas y nos exigía el pago de 50 bolivianos por sacar unas fotos a unas llamas y alpacas que estaban en el corral. La gente del tour solucionó esto (mejor dicho, omitió a la señora) pero nos llamaba la atención este hecho que se repite en varias partes del mundo, donde te piden dinero por cualquier hecho, solo por ser extranjero, independiente si eres un personaje del gobierno o un poblador local, varios aún mantienen la "máxima" de sacarle el dinero al visitante, algunos vicios que puedes encontrar en el camino si andas de viaje. Nos pareció cómico, los gringos con menos manejo no sabían que hacer y le trataban de dar explicaciones a la señora, uno como latino, conoce estas artimañas y sabe como desenvolverse.

Las llamas de la discordia, ellas no nos cobraron
Ya en la ruta nuevamente, el camino se iba perdieron y los choferes, diestramente, cruzaban el desierto a "campo traviesa". El recorrido era alucinante, fueron varias horas en el dia, donde las montañas imponentes se manifestaban, los restos de un antiguo fondo marino se hacían presente y la majestuosidad del desierto era una postal para no olvidar. Recorrimos las orillas de los volcanes, la alguna hedionda y la laguna roja, estábamos en las alturas, colindando con Chile, y las montañas delimitaban la frontera entre ambos países, por el Desierto de Siloli. El lugar es mágico, tiene una energía que hipnotiza y el ciertos momentos el silencio manifestaba un eterno paisaje a nuestras espaldas. Estas primeras fotos demuestran el recorrido de ese día, donde subimos a diferentes lagos rodeados de flamencos, con un fondo de montañas de hielos perpetuos. Como dato anecdótico los flamencos al nacer son blancos y el color rojo lo adquieren al crecer, por los minerales que tienen los microanimales de los lagos, con los cuales ellos se alimentan.

El desierto y la ruta del extinto tren rumbo a la costa 
El shoping de las alturas

El almuerzo en el desierto 
Desierto solitario

Sentarse y observar era el panorama 


Los flamencos de las alturas 


Los flamencos y los espejos 

Imagenes de lagos de altura
Una vez que llegamos al Desierto de Siloli, nos encontramos con una postal del Parque Eduardo Abaroa: El Árbol de Piedra. EL Siloli puede ser incluido como parte del Desierto de Atacama, pero acá, al otro lado de la cordillera, las formaciones rocosas destacan sobre todo, gracias al viento que talló diversas esculturas naturales, como el mencionado árbol de piedra, el símbolo de la reserva y del desierto. Unos cuantos kilómetros más allá, la laguna colorada nos daba señal de que estábamos completando el recorrido del día. El lugar, obviamente era adornado por los flamencos que daban rienda suelta a su instinto de alimentación.







El Árbol de Piedra
Después de todo un día recorriendo recónditos lugares, llegábamos al refugio, ubicado en las Termas de Polques. Era una zona ya sobre los 4.500 metros, donde había un lugar para pasar la noche, eran piezas comunes y no había ducha, pero afuera había una piscina natural, con las termas mensionadas. El recorrido del día fue desgastador y el baño en las termas con la luz de las estrellas, es una experiencia para recomendar a quien pase por estos lugares.

Es imposible copiar la ruta exacta, pero este es el recorrido que hicimos a grandes
rasgos, finalizando en las termas de Polques
Las termas miradas desde el refugio
Nos esperaban unos 400 kilómetros de vuelta, donde aprovecharíamos de dejar en la frontera a algunos amigos del tour, mientras otros volveríamos a la ciudad del salar. Pasaríamos por el Desierto de Salvador Dalí, donde las perspectivas de distancias nos jugarían algunos engaños, claramente medidos con anterioridad. Por ejemplo miramos unas figuras, representativas del desierto de Dalí, que a simple vista parecían a algunos minutos de distancia, los guías nos corrigen, señalando, que eran un par de horas de caminata. Me pongo a pensar como los pueblos precolombinos se movían por estos lugares o quizás como los conquistadores españoles andaban por estos terrenos para marchar al sur. El lugar es perfecto para caer en un hechizo y perderse y se sabe que costaría mucho encontrar el rumbo... y esos que los yanaconas se iban a "pies pelados".

Perspectiva: La Khris está a una distancia de 1 a 2 horas
caminando desde donde estábamos ubicados. 

Finalmente, entraríamos en la etapa final del viaje, donde la ruta fue nuestra única compañera. Por suerte íbamos nutridos con una enorme carpeta musical gentileza de "Spotify", porque a los 3 que quedamos en el jeep, ya no nos quedaba tema de conversación, así que compartimos algunas bandas folklóricas y demases gustos que teníamos en el celular, el gringo quedó loco con "la exiliada del sur".

Una última parada en un valle, escondido en el sector norte del Parque Eduardo Abaroa, un lugar que si fuera más público, sería perfecto para una filmación de Star Wars. Rocas y corales mezclados, pulidos por el viento de miles de años, demostraba una textura donde podrías percibir en el frío que chocaba en la cara. Un lugar donde las postales eran eternas.




Siempre un aperrado cletero
Una vez que volvimos a Uyuni, fuimos en búsqueda de un pasaje que nos dejara en Villazón, lugar donde Bolivia y Argentina hacen frontera. Nos despedimos de Uyuni, no sin antes recoger nuestra ropa en la lavandería, para irnos rumbo a nuestro objetivo, que era llegar a Salta, en la República Argentina, pero para eso habría una historia larga, que requiere otro capítulo.

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Agradecimientos a Quechua Connection 4wd, por permitirnos pasar este tremendo viaje, agradecidos también de la gente con la cual compartimos y la hospitalidad de Uyuni y todos los alrededores, gente muy amable.


martes, 5 de septiembre de 2017

El Salar de Uyuni

Mayo del 2017

Poco antes de las 5 de la mañana nos despertaban los auxiliares del bus Panamericano, luego de un viaje nocturno estábamos llegando a una congelada ciudad de Uyuni. Al bajarnos y ajustar nuestras mochilas, el frío nos consumía hasta los huesos y los 5 grados bajo cero se hicieron notar, pues tuvimos que recurrir a cuanta manta y calcetines de lana existían. La helada mañana nos daba la bienvenida a la ciudad, al costado del desierto de sal más grande del mundo.

En la ruta de nuevo
Inicialmente esquivamos a los que ofrecían alojamiento, pero lo inhóspito del lugar y la hora de arribo, obligaron a devolvernos a buscar un dato. Nos percatamos que más que un alojamiento, se ofrecía un lugar donde desayunar y descansar las piernas, hasta que el Alba y los rayos del sol pondrían a andar la ciudad. Uyuni no es muy grande,es un municipio boliviano ubicado en el sector sur-poniente del país, en su zona andina más característica. Actualmente es la puerta de entrada de la reserva de sal más grande del mundo y el destino número uno del turismo boliviano.

Salvadoras polainas
Ya con las luces del día instaladas, procedimos a unirnos a la masa para buscar un operador turístico que nos ofreciera un paquete adecuado. Uyuni expele turismo y por ende, los vendedores de paquetes turísticos están en todas partes. Luego de un breve peregrinar, decantamos en Quechua Connection 4wd, cuya reseña hicimos acá. De todas maneras señalamos algunas cosas esenciales a la hora de elegir un operador. El Salar de Uyuni tiene más de 10.000 kilómetros cuadrados, el equivalente a la superficie de El Líbano o Jamaica, es un lugar, que si no fuera por los turistas que la visitan, estaría desolado o... desierto. La ciudad más cercana es Uyuni y existen algunos pueblos repartidos en las orillas del salar, pero ninguno adentro. Por lo tanto, es importante elegir un operador que nos inspire confianza, porque quedar en un jeep que presente un desperfecto mecánico adentro del salar, es fácil quedar incomunicados y eso podría tener bastantes consecuencias. Por otro lado, hablamos de un lugar que tiene una rica historia geográfica, por ende, existe mucha información de la cual se puede recoger y será importante considerar un grupo de operadores turísticos que sepan hablar bien de lo que existe en el Salar de Uyuni. La gente de Quechua Connection nos inspiró esto y luego de leer sus reseñas en paginas de tripadvisor, decidimos contratarlos. El coste del tour era de 1.500 bolivianos cada uno, que logramos bajarlos a 1.000 bolivianos. El tour estaba compuesto por 3 camionetas todo terreno, completamente equipadas, donde recorreríamos en 3 días  2 noches el Salar de Uyuni y el Parque Nacional Eduardo Abaroa. Existen opciones desde los 650 bolivianos, pero no nos inspiró confianza y finalmente elegimos el operador que ya mencionamos.

El recorrido comenzaba a las 10:30 de la mañana, así que tuvimos tiempo de dejar nuestra ropa lavando, pues volveríamos a la ciudad recién en 3 días. Nos pareció peculiar que nos recomendaran dos lavanderías, una que estaba dentro de una cárcel y otra que estaba al costado de la estación de Policía, en la avenida Ferroviaria. Elegimos la última porque el precio era calculado en el peso y no en la cantidad de prendas a lavar.

Nuestros vehículos
El recorrido comenzó con una introducción en el cementerio de trenes, ubicado al costado de la ciudad. Acá la gente del tour nos comentó sobre el principal ingreso, previo al turismo del siglo XXI. Porque antes Uyuni, era un pueblo dedicado a la minería, y el paso de los trenes cargados de minerales, que salían a Chile, fueron la dinámica desde fines del siglo XIX hasta hace un par de décadas. Trasladaban esencialmente plata desde las zonas de todo el departamento de Potosí. La historia minera en Bolivia es un capitulo aparte, y eso fue reafirmado en Colchani, nuestra siguiente parada. Hablar de Uyuni y del departamento de Potosí en su historia minera, tiene una pagina cubierta de sangre, quizás una historia parecida en Chile, sea en Lota. La historia de Bolivia y su minería es compleja, con una gran carga de vidas, en otrora país lleno de riquezas y ahora cubierto en el eterno subdesarrollo. Siempre se ha hablado de que Bolivia (y quizás Sudamérica), la gente lo representa con un mendigo sentado en un cerro de oro, aunque el eufemismo tratará siempre de corregir, cuando pueda, decirnos que estamos en vías de desarrollo. La carga energética de todos los que sufrieron en tiempos pasados, se puede respirar en estas zonas. La capital del departamento donde se encuentra Uyuni es la ciudad de Potosí, distante a 200 kilómetros y un sinnúmero de montañas, que en sus tiempos coloniales tuvo más habitantes que el Londres de la revolución industrial, y que emanaba tanto dinero, que se le decía a algo inalcanzable para el bolsillo, que eso costaba "un Potosí". Actualmente lo que sobrevive son las minas de sal y en Colchani nos internamos en una fabrica de sal, que básicamente se reduce a un pequeño recinto donde envasan el mineral, después de un breve proceso de empaque para finalmente venderlo a los turistas (y también exportarlo a Brasil), el precio de un paquete de 250 gramos de sal, un boliviano. Existe un lindo relato al respecto en un viaje a Potosi del libro Caminos Invisibles.

Las factorias de Sal

Cementerio de Trenes
Tenemos sal para el asado
Otra cosa a destacar del pueblo de Colchani, son las muchas tiendas de ropa andina y lanas de llamas o alpaca. Colchani es la puerta de entrada al salar y los gringos, también nosotros, encuentran una gran variedad de elementos para llevarse de recuerdo, lo reconozco, las telas eran llamativas y muy bonitas, por ende, no pudimos evitar comprar unos gorros de lana y unos guantes, que fueron recomendados por los guía turísticos. No debíamos olvidar que íbamos rumbo al desierto y se venían noches complicadas en materia de frío, los precios tampoco eran muy altos, los gorros de lana desde 15 bolivianos y los guantes por 20 de la misma moneda. En verdad debemos mencionar que los precios no se movían mucho entre una ciudad y otra, solamente en la isla del sol fueron más elevados, pero en el resto del país, había poca diferencia.


Habia que abrigarse para las noches heladas que se venían
Nuestra siguiente parada, la que da el nombre al capitulo, el Salar de Uyuni. Cuesta describir este universo de sal: un desierto blanco cuya silueta pálida se pierde en el horizonte. Tengo más que claro que existen innumerables relatos sobre el Salar de Uyuni esparcidos por internet, pero el lugar amerita sacarse las repetidas fotos, jugando con el horizonte y haciendo juegos de perspectivas. El Salar de Uyuni es uno de los lugares más lindos del mundo y no cuesta mucho darse cuenta de aquello. La gente de nuestro tour conocía muy bien el trayecto armado, nos hicieron andar en bicicletas o darnos una vuelta por el otrora hotel de sal, ahora convertido por razones ecológicas, en un museo.
El monolito al costado del hotel de sal

Los antiguos hoteles de sal 
El ahora museo de sal

El recorrido tuvo de todo, inicialmente pasamos por unos geyseres, luego un recorrido en bicicleta, una parada a almorzar en medio de la nada, con unas amables mesitas instaladas por nuestro tour, es que los muchachos se portaron de maravillas y nosotros, los únicos chilenos y también los únicos hispanoparlantes, eramos una especie de traductores de cosas anecdóticas que separan y por sobre todo, unen, chilenos con bolivianos. El tour era bien heterogéneo, pero nadie de Sudamérica, esto obligó a extremar nuestro inglés al máximo. El grupo al igual que nosotros, muy entusiasmado e impactados con la inmensidad del desierto.

El tour bicicletero

Obviamente, el grupo quería jugar
Un par de vueltas por las dos islas de tierra que conserva el desierto: la isla incahuasi y la isla pescado. Con enormes cactus con miles de años a cuestas, con algunos zorros dando vueltas y una flora inhóspita, que sobrevive a condiciones extremas que entrega el lugar. Retrato de muchas fotos para poder comtemplar un horizonte eterno.

DRI

Cactus centenarios de las islas 


Ya entrada la tarde nos tocaba dirigirnos a los refugios donde pasaríamos la primera noche, pero antes, el atardecer, el mejor espectáculo del lugar. Cuando baja el sol, las sombras son eternas, de kilómetros, donde puedes jugar con el reflejo del sol en el horizonte y el lugar se convierte en un digno representante de lo que sería otro mundo, quizás estábamos parados en Saturno, quizás en alguna luna perdida en la galaxia, pero estábamos en Uyuni, el la enormidad del desierto... te sentían tan pequeño, era sensacional.

En medio de la nada


Capitulo aparte, sesión de fotos.






Finalmente logramos pernoctar en un recinto privado del tour, unas amables habitaciones en una especie de hotel antiguo, con todas las comodidades, para ver el mar de estrellas, que ya se hacía presente. Había que descansar, al día siguiente nos esperaba un ajetreado día, subiríamos sobre los 4.500 metros, pero eso quedará para otro capitulo.

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Desde el Cuzco a Iguazú

La Paz <<< El Salar de Uyuni >>> La Reserva Andina

sábado, 19 de agosto de 2017

La Paz (y una pequeña guía para recorrer la capital boliviana en un fin de semana)

Mayo del 2017.

Este capitulo traza un fin de semana que recorrimos en La Paz. Es un relato personal que persigue ser una guía para quien visite la ciudad un fin de semana. La "capital" boliviana ofrece un sinnumero de actividades y quien la visita, deberá decantar una por sobre otra. Para nosotros fue similar, aunque sentimos que nos faltó tiempo para hacer todo lo que queríamos, sentimos que quedamos satisfecho con nuestro recorrido, ojalá lo disfruten.


El arribo a La Paz




Así se cruza en un tramo rumbo a la Paz
Llegábamos temprano en una micro que cumplía las funciones de bus, desde Copacabana. Luego de un par de horas recorriendo un serpenteado camino, incluido un cruce al Titicaca en un bote gigante, que en algún momento pensábamos que se hundía con todos y nosotros incluídos. Oficialmente, Nuestra Señora de La Paz, nos recibía en una calurosa tarde de día viernes. La introducción a la ciudad es El Alto, una planicie que comenzó siendo un sector popular, donde se iniciaron las revoluciones que desestabilizaron varios gobiernos bolivianos. En un principio era un sector "en las afueras de La Paz", pero su desarrollo en los 80´ hizo que se estableciera como un municipio aparte y en la actualidad, es una ciudad con más habitantes que incluso La Paz. El Alto es un tremendo laberinto de casas con un orden geométrico bien peculiar, donde todas las viviendas las verás con un color ocre, es por eso que es fácil confundirse y extraviarse dentro de El Alto. De todas maneras le dedicaríamos más tiempo los siguientes días, cuando subiríamos a los 4.100 metros sobre el nivel del mar, en el cual reside la "comuna-ciudad".

Serpenteando el descenso a la zona central de La Paz
Luego de que el bus dejara a mucha gente en el Alto, bajamos por unas curvilineas calles, rumbo al valle donde se encuentra La Paz, en sus 3.600 metros de altura. El espectáculo era aparte, desde arriba se veía como habían ido construyendo la ciudad y como tímidamente aparecían signos de mayor urbanización. La Paz, contrario a lo que se cree, no es la capital de Bolivia, la cual realmente es Sucre, pero La Paz conserva la sede del gobierno y es el centro social del país, lo que la convierte "de facto" en capital del actual Estado Plurinacional de Bolivia. Sus poco más de 750.000 personas habitan en un hermoso valle rodeado de montañas, aunque el área metropolitana de La Paz alberga sobre los 1.8 millones de personas, aunque unificados no conforman ninguna entidad administrativa, uno tiende a señalar que todo es La Paz, aunque desde hace pocos años se ha comenzado a separar a la vecina ciudad de El Alto para definir ambos lugares.
Las callecitas y sus micros
Plaza San Pedro y Mercado Lanza, centro de la ciudad 

Nuestro hostal
El micro, nos dejó en un lugar bien lejano de ser una estación de buses, en verdad nos dejó en una calle cualquiera y con poco sentido de la orientación, percibimos que estábamos cerca del barrio cementerio, por las funerarias que estaban a nuestro alrededor. Decidimos bajar por un montón de calles que nos recordaban al barrio Franklin en Chile, llena de locales y tiendas que vendían en las calles de todo, porque en Bolivia no la lleva el mall, sino la "venta callejera", entonces todos los productos que uno pretenda encontrar en las calles, los encuentras. Logramos decidir un hostal en un cibercafé donde nos logramos orientar, no estábamos lejos de la Plaza Eguino, así que seguimos la marcha hasta el lugar elegido, el York B&B (cuya reseña dejamos acá).

La Paz Nocturna y la avenida 16 de Julio
Pollo a la Broaster, según google.cl
Luego de instalarnos en el hostel, fuimos a caminar por las calles de la ciudad, no sin antes ir por un Pollo Broaster, quizás la comida típica no oficial de la ciudad, y quizás de todo Bolivia. Nos acercamos primeramente al sector del Mercado Lanza, digamos que el punto central social de la ciudad, un importante centro de abastecimiento que data de los años 30, pero que fue remodelada por el 2010, le daríamos tiempo al día siguiente. Después de aprovisionarnos de algunos útiles de aseo, que vendían en las calles, le dimos tiempo a la Avenida Mariscal Santa Cruz, que se mezclaba luego con la 16 de Julio, digamos que los ejes centrales de la ciudad, mientras comenzaba a anochecer. Era viernes y el ambiente se notaba festivo, muchos jóvenes en las calles daban una sensación de que algo iba a ocurrir, me recordaban a los "pokemones chilenos", se mezclaban con la gente que salía del trabajo y también con un evento otaku que ocurría por ahí cerca. La Paz distaba bastante de ser una ciudad estancada en el tiempo, como me la imaginé en un principio y se asemejaba a una megaciudad de cualquier parte del planeta, incluso, con un ambiente muy similar a Santiago. A paso lento ya llegaba la noche dimos un poco a unos pubs con cervezas artesanales de la zona, el recorrido comenzó en el "The English Lion's Den", para terminar en "The English Pub", teníamos ganas de cervezas heladas en un local algo más tranquilo que la dinámica La Paz, el último lugar fue lejos la mejor elección.

Auténtica cerveza boliviana
Sábado del free-wakling tour
El menú
El día sábado fue el día del recorrido. Antes de esto, pasamos a almorzar a uno de los muchos restoranes, instalados en antiguas casonas, que ofrecían menús desde 15 bolivianos. Después tomamos un Free-walking-tour auspiciado por los Redcap, su pagina web está acá. Ese día no había ninguno en español, de todas maneras sirvió para practicar el inglés. Nos juntamos en la Plaza Sucre, donde comenzamos una larga caminata por una de las ferias más coloridas de la ciudad, fueron 4 horas de ruta, desde la misma Plaza Sucre, la historia de la prisión, la feria Rodriguez, el Mercado Lanza, el Mercado de las Brujas para terminar en la zona de la Plaza Murillo, donde está el Palacio Quemado. El énfasis en lo social está presente en este tour, donde nosotros éramos lo infiltrados chilenos, el "pueblo enemigo" de los bolivianos. Fue bueno hablar con los vecinos, donde han pasado décadas de guerras y discusiones entre ambos pueblos. A pesar de que el discurso personal dista bastante del que se vende por televisión, la realidad boliviana no está muy lejos de la chilena, donde la lucha primordial es por la salud y la educación, y no por el mar como lo hacen ver los medios de comunicación. Evo Morales es visto como un buen tipo que decantó en la corrupción y que ha tratado de perpetuar sus gobiernos y en la búsqueda del culto a la persona. Mucha de la gente que conocimos nos señalaba esto y que en verdad chilenos y bolivianos, deberían ser pueblos vecinos, más que dejarse guiar por el populismo barato de la televisión. La conversación posterior en un pub de la zona sirvió para reafirmar esto y entender que los bolivianos son unos vecinos bastante más amables de como dista la gente, por lo menos con quienes compartimos.

Plaza Sucre 

Los redcap walking tour 

Enormes paltas a un boliviano
El tour incluía descensos de edificios

Las micros en la avenida principal de La Paz

Juegos en la Plaza de la Iglesia San Francisco

Merienda en Mercado Lanza, por 500 pesos chilenos 
Sándwich de cholitas

El Reloj que desconcierta 
El Congreso Nacional

Palacio Quemado 
Una tienda de discos debajo de la catedral!!!! (estaba cerrada)
Rica comida callejera!!!
La noche fue dedicada a irnos a la zona del terminal de buses, dejamos pactado un bus a Uyuni para la siguiente noche por 100 bolivianos cada uno, en un bus cama. En la caminata de vuelta, por la 16 de Julio, el amable olor a Pollo Broaster nos acompañaba, pero decantamos en los cientos de carritos callejeros, que ofrecen comida rápida hecha a mano, como unas exquisitas hamburguesas con pimentón, cebolla, tomate y otras delicias, acompañadas por un huevo frito por "irrisorios" 7 bolivianos, con bebida incluida. Finalmente, mirar la dinámica cercana a la Plaza de San Pedro, para ver los muchos aguayos a la venta por 30 bolivianos, los guantes de lana por 20 bolivianos y algunos chalecos de lana desde 70 bolivianos, son tiendas muy coloridas.

La didáctica venta de conjuros dentro de los locales de chamanería

El mercado de las brujas 


Este paradero te deja en Vino Tinto

Domingo para El Alto... y las Cholitas Wrestling!
El domingo lo dedicamos a irnos a El Alto. Sabíamos que ahí nos esperaba la feria urbana más grande del mundo, o así se jactan los habitantes del lugar. Primero había que llegar a la estación central del Teleférico Rojo, y después de pagar los 3 bolivianos para subir el ascensor, aún me acuerdo del precio y me rió de los $1.500 pesos que cuesta su símil de Santiago, considerando que este telesférico es un eje central del transporte en El Alto y en La Paz. Esta ruta nos dejaba en uno de los accesos de la Feria de El Alto. Previo a describir la feria, corresponde hacer una referencia al ascenso, donde uno lentamente empieza a subir, dejando atrás la zona más urbana de La Paz, observando el imponente valle donde se encuentra ubicada la ciudad, viendo desde las alturas, los techos de las casas que se encuentran en la periferia y que se van mezclando con El Alto, la comuna y ciudad más grande del país.



Estación central de la linea roja 

Los modernos andenes de un amable cable teleférico

Desde las alturas 

Un monótono color ladrillo característico de la ciudad

El cementerio desde arriba 
Atrás quedaba La Paz, estábamos llegando al El Alto 

Es difícil describir el mercado persa de El Alto, pero haremos el intento. Realmente no existe una entrada oficial, sino es una ciudad entera que el día domingo (y el jueves, en menor magnitud) se dedican a vender todo lo que se te puede pasar por la mente. Si La Paz es reconocida por el comercio callejero, imagínense como era su similar de El Alto, siendo este uno de los sectores más populares de la nación: son cientos y quizás miles de puestos, donde podrías encontrar desde la típica ropa, hasta motores de camiones, pasando por camillas de hospital, zonas de carpintería, innumerables locales de comida y hasta la venta de hechicerías y maldiciones para quien no te caiga muy bien. La zona es amable y los vendedores de apilan para vender todo, a precios que algunas veces, parecían irrisorios. Para quien escribe y por mi amor a los mercados callejeros, el lugar era un continuo éxtasis.

Motores 
Llantas y neumáticos

Una de los muchos pasillos
Se venden... hechizos!!!
En esas furgonetas andábamos, imagen referencial de google
Desde que llegamos a la zona andina, comenzamos lentamente a distinguir un aumento de las cholitas, que vestían orgullosas sus vestimentas tradicionales y es que acá ser cholita no es una palabra de menospreciar, sino es sinónimo de orgullo. Existe toda una teoría de este fenómeno, pero es agradable ver un pueblo que se jacta de sus tradiciones. Las Cholitas actualmente, se dedican a todo, incluso han entrado en el negocio de la Lucha Libre. Desde hace un par de años existe el híbrido espectáculo de las Cholitas Wrestling, que iniciaba sus actividades a las 16:30 en el Coliseo 12 de Octubre. Inicialmente nos equivocamos y llegamos a otro lugar, confundidos por el nombre. Pero luego nos corrigieron y así que empezó una odisea recorriendo los minibuses de la zona, el valor de las micros era de 1 boliviano, aún no me queda claro como entré en esas furgonetas, pero son el medio de transporte oficial de El Alto. Finalmente llegamos, sin mucha demora, al Gimnasio 12 de octubre, cercano a una zona que le llamaban Ceja, para disfrutar del espectáculo de las cholitas.

Cholitas dispuestas a pelear

Lucha libre por los aires 


Ingreso de las muchachas 

Un extraño evento, que ralla en lo freak y lo poco convencional. Sirve para reírse un momento, porque no hay mucho contenido más allá de reírse de un espectáculo único. Para quien le guste esto, se divertirá y tendrá algo que contarle a sus nietos, no sin antes reírse de haber visto unas cholas agarrándose a combos. Las cholitas pasaron la prueba.

- Valores: 50 Bolivianos el ticket, con derecho a un snack y asientos en primeras filas. También te llevas dos recuerdos que pueden ser postales y que conservo hasta el día de hoy.

Y nosotros también

Como la hora nos apuraba, fuimos al Terminal en un taxi que encontramos a la salida. Luego de bajar rápidamente al terminal de La Paz, donde nos estaban esperando nuestras mochilas, previamente guardadas en la boleteria de la linea de Buses Panamericano, que finalmente nos llevaron rumbo a Uyuni.

Conclusiones
La Paz es una amable ciudad, sus habitantes son muy atentos y la mayoría de las veces tuvieron un buen animo para darnos una mano cuando nos veían desorientados. La ciudad está bastante lejos de estar atrasada en el tiempo, sino conserva una identidad que difícilmente podrán entender algunos. Creo que 3 días fueron poco, da la sensación de que hay muchos submundos en la ciudad a los cuales se les puede dar mejor recorrido. Nos dió una sensación de seguridad, incluso en El Alto. Khris había ido a La Paz el 2008 y comentaba una importante modernización, la cual se demostraba en su quehacer, pero conservando la peculiaridad la cual encanta a quien escribe. La Paz se moderniza y los turistas gringos, que parecían demasiados, dan una muestra de que Bolivia se está vendiendo para quienes vengan de afuera.

Como últimas recomendaciones, todo se regatea y el "Mana gringo Chukani", el equivalente en lengua Quechua a "Yo no soy gringo amigo", sirvió mucho en la hora de las compras. Una anécdota al cierre, al comprar unos gorros de lana a una cholita y al señalar esta frase, nos comenzó a hablar orgullosamente en lengua indígena, para luego bajarnos un par de bolivianos sus productos y esbozar una sonrisa. Es muy necesario aprender algo de los idiomas locales, pues no hay que olvidar que en Sudamérica se habla más que español o portugués.


La Isla del Sol <<< La Paz >>> Uyuni