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lunes, 13 de noviembre de 2017

Parque Nacional Iguazú, Puerto Iguazú

Fines de Mayo, 2017

Por fin, después de 48 horas de viaje entre Salta e Iguazú, previa detención en Santa Fe, logramos llegar a la Triple Frontera. Era ya media tarde y el ambiente húmedo reinaba en esta parte del continente sudamericano. Nos sentamos en un negocio a robar internet, mientras pedíamos unos jugos para bajar el calor y decidir en dónde nos íbamos a quedar. Nos decidimos por una cabaña en las afueras de la ciudad de Puerto Iguazú. Quedaba al lado del paradero de micros, o colectivos como dicen en este lado de la cordillera, y nos permitía por unos 30 dólares la noche, un poco de privacidad y descanso. Las Cabañas Redeviac nos recibían con los brazos abiertos y Oscar, su anfitrión, nos daba una cordial bienvenida. Él se convertiría también en una especie de guía informativo de las actividades que realizaríamos esos días, una agradable persona, realmente sabía de todo un poco.

El Rio Iguazú es de este color, por la deforestación
Puerto Iguazú es una de las tres ciudades que forman parte de la triple frontera: Ciudad del Este por Paraguay, Foz de Iguazú por parte de Brasil y la mencionada Puerto Iguazú por el lado argentino. Esta última, es la más pequeña de la familia, en relación a cantidad de gente, pero tiene otros beneficios, resultado de su menor tamaño respecto a las otras urbes. La ventaja más importante, es que tiene el lado más grande de las Cataratas del Iguazú, lugar que motivó de manera personal, recorrer buena parte del continente en búsqueda de este punto. Acá tenemos que hablar un poco del parque: El Parque Nacional Iguazú, con más de 67 mil hectáreas, fue descubierto por el explorador Alvar Núñez Cabeza de Vaca, por allá en 1542. Aunque su exploración más documentada recién se puede remontar al 1881. En el siglo XX, grandes esfuerzos de los gobiernos brasileños y argentino, dieron un impulso para su desarrollo, que se vio exacerbado gracias al turismo, especialmente desde los años 80'. El parque fue declarado patrimonio de la humanidad hace un par de décadas atrás y finalmente las cataratas, una de las 7 maravillas del mundo moderno. Las Cataratas del Iguazú gozan como uno de los destinos más visitados del continente, actualmente el parque goza de un enorme territorio con una rica diversidad, propia de la selva misionera, o llamada también selva paranaense. Hay que aclarar algunos puntos antes de seguir: hablar del parque, no es lo mismo que hablar de la reserva, en estricto rigor la primera contiene a la segunda, aunque si agrandamos más el visor, el Parque Nacional Iguazú tiene su símil al otro lado de la frontera, por el lado brasileño. Juntas forman parte de un enorme área de más de 2.500 kilómetros cuadrados de tierras protegidas para el medioambiente, un área similar a la que posee el país Luxemburgo. Este sistema de reservas se ha ampliado de manera progresiva, con el fin de proteger una basta zona de territorio que aún se conserva "virgen" de la depredación del modernismo. Se nota que existe un trabajo arduo por los gobiernos locales, de conservar el parque para el respeto del planeta.

Al día siguiente al arribo, nos ganó la flojera y decidimos quedarnos en la cabaña y darle algunas vueltas a la ciudad. Estuvimos más tiempo en el patio de la enorme casa de Oscar, donde nos acompañaron los gatos y perros que convivían con él, y con nosotros igual. La casa de Oscar parecía un centro de rehabilitación, donde un par de gatos habían llegado en pobres condiciones, a solicitar asilo a la casa de nuestro amable dueño de casa. Al recinto de cabañas también arribaban otras personas. Era común ver llegar a esta zona fronteriza personas provenientes de rincones lejanos de la República Argentina, para ir esencialmente a Ciudad del Este, a abastecerse de productos que bajaban considerablemente su valor. Nos comentaban que a veces los precios de electrodomésticos estaban 4 veces más altos en el país trasandino, versus la ciudad paraguaya. El tema de la aduana se solucionaba con sobornos y "voalá", tenemos producto ingresado. En el lugar obviamente teníamos algunas lecciones de economía, pero nos dieron la información fundamental para recorrer el parque. Ese día esperamos que bajara el sol, para irnos a dar una vuelta en la húmeda Puerto Iguazú. Ese día llovió bastante, así que por suerte no quisimos ese mismo día ir al parque, sino al siguiente.

Una pequeña guía para recorrer las Cataratas del Iguazú

La Garganta del Diablo, la más imponente caída
Al otro día, nos embarcamos temprano en la micro para ir rumbo al parque. Acá sirvieron las recomendaciones de Oscar, las cuales comparto acá. Primero, para que se entienda, las cataratas del Iguazú están divididas entre Argentina y Brasil, en una distribución 80% y 20% aproximadamente. Las cataratas forman parque del Río Iguazú, que pocos kilómetros más adelante se acaba en el Río Paraná, lugar donde se encuentra la triple frontera, propiamente tal. En estricto rigor las cataratas del Iguazú son 275 caídas de agua, aunque la mayor, es la denominada Garganta del Diablo, con cerca de 80 metros, de por si, todas las otras caídas en conjunto, forman parte de un espectáculo difícil de describir en unas líneas. Como dato útil, el lado argentino del parque donde se pueden las Cataratas de Iguazú, es enorme y es necesario darle un buen tiempo para recorrerlas. Un día entero no estaría mal, porque además de las cataratas, se han abierto circuitos de senderos que permiten ver la diversidad de la flora y fauna paranaense. El bus te deja en la misma entrada, donde está la boletería de ingreso, que divide el pago entre argentinos, ciudadanos pertenecientes al Mercosur y otros extranjeros. Existe un enorme área de servicios, donde también se encuentra una especie de museo sobre la historia del parque, con importante material fotográfico desde principios de siglo, con imágenes de los colores que poblaron la zona de misiones.

Entrada al tren
Para ir a las cataratas, hay un tren, denominado "Tren Ecológico de la Selva", la primera estación está en la entrada del Parque, pero conviene caminar a la segunda estación, llamada "Estación Cataratas". Acá se puede uno dirigir por las tres rutas principales de trekking para recorrer los saltos. Nosotros decidimos partir de inmediato por la Garganta del Diablo, por ende, abordamos el tren hasta la estación denominada de igual manera "Estación Garganta del Diablo", donde empezamos a hacer la ruta roja, la más larga, pero la con menos escaleras. Está demás decir que la entrada te permite subir al tren las veces que desees. Luego volvimos a la estación cataratas, para hacer los dos circuitos restantes. Para hacer estos recorridos, uno usa fácil la mitad del día, a paso lento, por ende si nosotros llegábamos a las 10 de la mañana, estábamos terminando a eso de las 3 de la tarde. Por ende, se sugiere darle un día entero al lado argentino del parque. Actualmente hay más recorridos, algunos trekking por el área más selvática, pero la "vedette " siguen siendo las caídas de agua. Existe la posibilidad de hacer el recorrido en menos tiempo, para quienes quieran irse el mismo día al lado brasileño (el cual solamente se hace en un par de horas), pero andarías corriendo y no se disfrutará.
El tren ecológico

Compartimos unos datos útiles (actualizados sl 2017)

Mapa Gentileza de Opcióniguazú.com.ar

-  Ticket general: $500 pesos argentinos.
Ticket para ciudadanos del Mercosur (Brasil-Paraguay-Uruguay-Venezuela: $400 pesos argentinos
- Ticket para argentinos y residentes: $260 pesos argentinos
De ahí los precios bajan para jubilados y residentes de la provincia.

El ticket da derecho a usar baños, el centro de visitantes, usar el tren y cruzar a la isla interior. Lamentablemente cuando nosotros fuimos, estaba cerrada la isla por las condiciones de el río (estaba con mucha agua).

Al interior hay un local donde venden alimentos, obviamente son más caros, uno puede llevar comida por su propia cuenta, nosotros llevamos sandwich y frutas. Sugerimos llevar agua, o botellas para llenar, ya que la humedad es alta y el agua es fundamental para mantenerse bien el la caminata.

Una sugerencia muy importante es tener todo a la mano y bien afirmado, ya que hay robos al interior del parque, lo simpático es que los robos no lo hace la gente, sino los Coatiés, unos pequeños omnívoros, parientes de los mapaches. Estos muchachos son muy sociables, pero estarán atentos si estas con alguna comida para quitartela, fueron varios los turistas que vimos caer con "lanzazos" de frutas y helados, por parque de los simpáticos coatíes.

Tiempo entre Puerto Iguazú a la entrada del Parque: 30 minutos en bus, aproximadamente, desde la rotonda que queda en el cruce con la aduana rumbo a Brasil. Sumar 20 minutos más si se toma el micro desde la ciudad, ya que se da varias vueltas antes de partir rumbo al parque.

Parrilla no muy cara y bien en sabores
El parque es una linda experiencia en general. Es muy diverso y grande, difícil de explicar con palabras, las fotos se hacen pocas y el tiempo también. La conservación es maravillosa y la señalización al interior, de igual manera. Es uno de los destinos más visitados de Sudamérica, pero hay tanto espacio, que pocas veces te rozas con demasiada gente, a excepción de los puntos más críticos, por ejemplo en la garganta del diablo. Ya de tarde, nos devolvíamos a las cabañas, pero antes, la encargada de la noche, fue una hermosa parrilla en "Chin-Chulin", a pesar de estar en el límite casi afuera de Argentina, conservaban ese sabor indescriptible que define a la parrilla argentina, a pesar de estar en sus fronteras (a metros de la frontera, en estricto rigor).

Un pequeño repaso fotográfico del Parque Nacional Iguazú y por supuesto
algunas de sus 275 cascadas

Fauna paranaerense
Pirámide alimenticia

La Garganta del Diablo 
La Khris mirando la Garganta del Diablo

Las mariposas eran plaga 


Una postal

Los coatiés, dueños de la zona 
Paseos interiores

La isla interior, cerrada por el flujo de agua 

Los rios interiores del parque 
Perspectiva

Bueno, a paso lento para el día siguiente nos íbamos al lado brasileño, entre las ciudades puedes cruzar fácilmente, aunque si quieres alejarte de la zona fronteriza, más allá de 30 kilómetros, debes hacer los trámites de inmigración. Como nuestra idea era irnos a la costa, tuvimos que hacer todo el trámite de la frontera, estábamos en las tierras brasileñas, pero eso quedará para otro capitulo.

Llegámos a Brasil!!! (Y su sol con humedad también estaban)

viernes, 27 de octubre de 2017

1.000 kilómetros a Santa Fe

Mayo del 2017.

Son las 2 de la tarde y llevamos una hora haciendo dedo en la avenida Asunción, a la salida de Salta, en el norte de Argentina. Cotizamos algunos buses en la terminal, pero los precios seguían algo fuera de rango. Nos impactó como están los precios en Argentina, si por enero tuvimos que asistir a un matrimonio en Mendoza, y los precios fueron una buena muestra que se venían tiempos difíciles para el país trasandino. Ahora, desde que cruzamos por La Quiaca, el cambio nos indicaba que el asunto no había cambiado mucho durante estos meses y parece que estábamos peor. Entonces, considerando que estábamos "sobrados de tiempo", decidimos irnos a la ruta a probar suerte.

La ruta a recorrer

Bienvenido el verde a la ruta
Pasaba el rato y ya perdíamos la esperanza, los policía-gendarme nos sacaban fácil la ventaja, se ubicaban adelante o atrás de nosotros y los pocos vehículos que pararon, lo hicieron delante de ellos, no importaba si se ponían adelante o atrás de nuestro lugar de detención, los otros vehículos nos hacían la eterna seña de que "iban hasta cerca"... y les paraban a ellos. Pasó el rato, casi dos horas, hasta que un entusiasta profesor, se animó a sacarnos del cruce y dejarnos hasta la ruta 9, distante solo a unos 50 minutos. Recién habíamos llegado al cruce y en escasos minutos un camión se detuvo, para preguntarnos...¡¿Que queríamos?!. Esa es la clásica "maña", donde el camionero se detiene, reclama alguna cosa, nos asusta un poco y luego nos anima a subirnos. Le contamos nuestra idea mental de llegar a Iguazú, él nos dijo que podría dejarnos en el cruce con la ruta 16, que conecta la provincia de Salta con Corrientes, pero no nos dio muy buenas señales de este cruce. Marcelo, el camionero, es de Chacabuco, una ciudad a unas dos horas de Buenos Aires, nos contaba que venía del norte de Salta, con tomates, y que su objetivo era llegar a Rosario para luego irse a Buenos Aires, dejar una segunda carga y luego volver a su hogar, después de un par de semanas ausente. Los camioneros de frutas son peculiares, siempre van al límite de de los tiempos, porque si se pasan, la fruta caduca, por ende, si necesitas llegar rápido a un punto, un camión de tomates es la mejor alternativa. Nos propuso irnos con él hasta la Provincia de Santa Fe y buscar alguna manera de empalmar con algunas de las rutas nacionales que venían de Buenos Aires y que iban rumbo al Chaco. Esos caminos eran más transitados, podríamos incluso hasta encontrar un buen bus si deseábamos, pero tendríamos mejor suerte por ahí, que en vez de irnos por la ahora botada ruta 16, que según él, brillaba por lo inhóspito y lo poco transitado. Nos metió miedo con la ruta 16, nos habló de caníbales, que los indios nos iban a meter en una olla y iban a hacer un festín con nosotros. Decidimos hacerle caso, nos quedaban unas 12 horas de viaje, así que nos pusimos cómodos y rumbo en un Scania comenzaban 1.000 kilómetros de ruta, acompañados por un nutrido pendrive de música, que tenía un par de temas de Iron Maiden, pasando por Gilda, Sandro y cuanto grupo de cuarteto argentino podrías imaginar. La gran duda será que nos habló de los caníbales por verdadera recomendación, o para no viajar solo, está claro que la última, era la opción correcta. La ruta fue acompañada por las eternas conversaciones de la vida, la familia, sus accidentes de transito, el último el año pasado, de como Marcelo se había jubilado de bajar por la ruta de los caracoles. Claramente este hombre después de su último accidente, del que nos mostró fotos de un camión aplastado y que casi le cuesta la vida, había aprendido a querer cuidarse un poco más, tenía varios hijos y quería darles en vida un papá presente. Es que la ruta siempre cobra y no sólo con dinero.


Marcelo era el dueño de la ruta
Estábamos en la ruta de nuevo
Atrás quedó Tucumán y Santiago del Estero, estábamos cruzando la república hermana, los pastizales y las miles de vacas en el camino, eran la tónica. Los terrenos que la convierten en la región ganadera por excelencia, hacían presumir a Marcelo y fue motivo para detenernos a unos "panchitos" en algún pueblo perdido en la ruta, siempre él pagando, aunque le hayamos insistido varias veces que nosotros queriamos invitarlo. Después en una bencinera compramos unos cafes y ahí no pudo huir de nuestra invitación. Ya eran las 4 de la madrugada y estábamos cerca de Rosario, decidimos parar en Rafaela, para evitar la gran ciudad Santa Fe. Como era muy tarde y los alojamientos eran muy caros, paramos una carpa en una estación bencinera. Nos llamó la atención lo hospitalarios de la gente que trabajaba en el lugar, que nos surtió de unos cartones para evitar la humedad y nos ofrecieron el baño, me imagino la situación hospitalaria en Chile y me pongo a reír. Al día siguiente y luego del desayuno gentileza de la misma bomba de bencina, decidimos acercarnos a la ruta 11. Un vendedor de productos de pesca nos arrimó hasta Recreo, donde se nos acabó la suerte "dedística". Primero no nos alarmamos, eran las 3 de la tarde y queríamos irnos de noche, pero el tiempo pasaba y nadie nos llevaba, ya era bastante. Quedamos muy mal ubicados en un pueblo que no llevaba a ningún lado, cuya gente no nos quería llevar a ningún lado ni tampoco encontrábamos un bus, para irnos a algún lado, lejos de ahí, Recreo entró en nuestra lista negra. La noche empezó a caer, nos cambiamos varias veces de esquina, pero no tuvimos suerte, entonces por recomendación de un policía gendarme que volvía de su trabajo (y que nos dijo que Recreo era un pueblo muerto) decidimos tomar una micro hasta Santa Fe, distante a unos 30 minutos del lugar, para probar mejor suerte. Queríamos evitar la gran ciudad, pero tendríamos que recurrir a ella.

La zona era bien desolada y nadie pasaba
Nos dejaron en el terminal de buses y ahora los precios eran bastante más acertados que los encontrados en Salta. Estaba la opción de quedarnos una noche en la ciudad de Santa Fe, pero teníamos a disposición un bus que saldría en 30 minutos rumbo a Posadas, ya en la provincia de Misiones, en la frontera con Paraguay. Decidimos partir y enfrentarnos a nuevas 10 horas nocturnas de trayecto. Llevábamos un día viajando y íbamos a cerrar un nuevo día sin parar. Continuamos, pues nos interesaba llegar a Iguazú con más días. Un bus bien cómodo, que se sumergió en el túnel subfluvial, una verdadera maravilla de la ingeniería, para pasarse de Santa Fe a Paraná y luego irse a Posadas, ciudad costera del mismo Río Paraná, que separa la República Argentina del Paraguay, fue un tranquilo viaje nocturno.

Al día siguiente estábamos en Posadas, el aire era más húmedo y el acento empieza a dejar el voceo argentino para mezclarse con un particular ritmo más cercano a las zonas del chaco. Antes uno pensaba que todos los argentinos hablaban igual y luego de recorrer miles de kilómetros en la república hermana, empecé a distinguir diversos tonos que hacían sonar diferentes a los de Salta, con los de Rafaela y con los de Posadas.

Después de un nutrido desayuno en el terminal de buses de Posadas, fácilmente encontramos un nuevo bus, que separaban los 300 kilómetros que nos faltaban para llegar a la triple frontera., un Crucero del Norte que nos dejaba en uno de los puntos más lejanos de Argentina, eran las 2 de la tarde y por fin llegábamos a Puerto Iguazú, habían sido 48 horas de trayecto, pero una amable cabaña de Redeviac nos daba un arribo bastante más cariñoso y hospitalario, el destino era logrado, y la ruta valió completamente la pena, fueron 1.000 kilómetros a Santa Fe y 1.000 kilómetros más hasta Iguazú, todo en dos días. Nos quedaban algunos días más en la triple frontera, pero eso quedará para otro capítulo.

Este árbol nos acompañó varias horas esperando en Recreo
Estábamos en Iguazú!!

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Desde el Cuzco a Iguazú

El cruce a Salta <<< 1.000 kilómetros a Santa Fe >>> Puerto Iguazú

lunes, 16 de octubre de 2017

El cruce a Salta

Mayo del 2017, en la frontera de Bolivia con Argentina.

La historia de un protocolo viajero


En la ruta nuevamente
Cuando iniciamos este viaje, el comité de organización, formado por Khris y quien escribe, estableció algunas básicas reglas de convivencia. No fueron muchas, pero si fundamentales para poder mantener el orden común durante el trayecto. Uno de esas normas señalaba, que sería la pareja en conjunto, quien decidiría las rutas a realizar.

La elaboración de las rutas tiene varias etapas: Por un lado, uno "mentaliza", o digamos... "imagina", un lugar donde quiere llegar, como objetivo. Luego de esto, uno tiene el trayecto para lograr "el objetivo", pero decidimos que la última palabra, sería de la voz femenina. Para quien no entienda esta idea, esta tiene sus motivos. El primero, es que el escritor de este capitulo, tiene mejor sentido de la orientación y logra con facilidad trazar las rutas a recorrer, esto corresponde a la primera etapa al diseñar una ruta. No nos referimos al destino, sino el trayecto. El tema a considerar, es que quien escribe, le da lo mismo en la condición que nos vamos. Por ende, ahí uno tiende a confiar en la intuición femenina, o quizás la desconfianza que emana del genero de las mujeres. Para mi, da igual viajar en una carreta o dormir en un lugar poco salubre, quizás si me interesa, más por un tema de proteger a quien te acompaña, pero no me fijo de inmediato, sino lo veo como una segunda, o tercera prioridad. Entonces, acá la mujer se fija en estos detalles de manera más pulcra y siempre la señorita observa esos puntos, los cuales uno por ser hombre, no se da cuenta. Este plan funciona muy bien en lo habitual y lo llevamos en la mayoría de los viajes que hemos realizado y nuestra vida, pero la regla obviamente, tenía que fallar.

En Uyuni, Khris decidió descansar un poco después de los 400 y algo de kilómetros que hicimos en esos jeeps bolivianos Desde la frontera entre Bolivia y Chile desde el Parque Eduardo Abaróa, habíamos tenido un trayecto sin grandes inconvenientes, pero desgastado y algo apunados. Ya en la ciudad, ella se dedicó a ordenar las mochilas, para dejarme a mi, ir a ver algún bus que nos pudiese dejar en la frontera. Partí a la esquina donde estacionaban los buses que llegaban a la ciudad, allí estos se agrupaban, sin un orden aparente, y encontré en la misma esquina donde habíamos llegado, un cartel de buses que nos aseguraban llegar a Villazón, la ciudad fronteriza con Argentina, todo por 50 bolivianos cada uno. Entonces compré y teníamos dos tickets para irnos esa noche, rumbo a la frontera.

Ya llegada la hora de salida, nos acercamos a la esquina donde salían los buses y sorpresa!!!.... No había bus... pero no era tan catastrófico, en su lugar había una especie de micro antigua, en verdad bien antigua, como de otra época, como si en Santiago habláramos de la "Recoleta-Lira" o la "Pila del Ganso". Una maquina con varias décadas y kilómetros en el cuerpo. Como era "EL BUS", que nos llevaría a lugar, no quedó otra que subirse y esperar que llegáramos a buen destino. Arriba, una mezcla de todo, gente local, gringos apolillados, alguno que otro desprevenido con frío y nosotros, algo más preparados que la vez anterior que viajamos por el desierto boliviano, ahora habíamos sacado los sacos de dormir para pernoctar. Nos esperaba una larga noche en un bus, donde el aire helado entraba por las ventanas, por el techo y en verdad, uno sentía que el aire entraba por todos lados.

El viaje, fue algo de otro planeta: durante la noche fue imposible pegar un ojo, Khris se sentía algo mareada y ya no era la altura (tampoco un embarazo). Íbamos cruzando por unas quebradas, en medio del desierto y con los ascensos, vueltas y descensos, que eran generalizados. A veces sentíamos que el bus subía, a veces sentíamos que el bus bajaba, y las pocas veces que abrí la cortina para mirar afuera, solo se veía un desierto eterno, sin ningún camino delimitado, realmente no sabíamos por donde nos íbamos, claramente un camino delimitado no era, sentía que íbamos a campo-traviesa. Llegamos primero a Tupiza, donde parte importante del bus descendió, luego nos tocaba bajarnos a nosotros en Villazón. Eran las 4 de la mañana y nos encontramos con un pueblo en la frontera, que no tenía mucho que ofrecer, más allá del frío y la soledad. Se nos acercó una persona a ofrecernos un trayecto en bus rumbo a Salta, pero los valores estaban algo fuera de nuestros límites económicos. Preferimos esperar hasta que fuese de día., así que nos arrimamos en una residencial, que nos cobró 40 bolivianos para ambos, por ocupar una pieza, creo que este fue el alojamiento más barato que pagamos en todo el viaje. El lugar, una cama, bastante más decente que lo que pensaba, un baño donde tenías que llenar el estanque con un balde y un enchufe para conectar los celulares, no era un lujo, pero para pasar la noche, nos sirvió. Ahí nos quedamos hasta poco antes del mediodía.

Al día siguiente, después de asearnos en la hostería más humilde que he conocido, decidimos que era momento de cruzar a Argentina. Salimos caminando por Villazón, una ciudad eminentemente comercial, muy similar a lo que sería Tacna para los ariqueños, manteniendo proporciones. Queríamos algo fresco para el desayuno, pero en Bolivia no se estila mucho la fruta, y la fritanga era el amo y señor de los desayunos (si, desayunos de frituras). Decidimos cruzar la frontera y ver como nos iba al otro lado.

Las aduanas siempre me han llamado la atención, es un poco de lo uno y un poco de lo otro, una linea imaginaria, donde cada país decide que acá parte lo tuyo y termina lo mio. Cuando cruzas en un vehículo ni te das cuenta, pero a pie, siempre se torna tan particular. Es cosa de recordar cuando cruzamos desde Gorizia, en Italia, rumbo a Nova Gorica, en Eslovenia. Cruzábamos una calle y ya no hablaban italiano, sino esloveno, dos idiomas que no tienen nada en común, y para ser sinceros, los italianos no dominan el esloveno y tampoco al revés... y con solo con una calle de distancia. Acá, en la frontera Argentino/Boliviana, cruzamos un puente para ser precisos y el idioma dejaba de ser boliviano y aparecían los "che" y el "voceo" de los compañeros trasandinos, la gente dejaba de comer pollo broaster, apareciendo los panchitos, los pebetes y los alfajores. De esta manera algo singular, eramos recibidos por la República Argentina.

Nos dispusimos a caminar un par de cuadras, rumbo al terminal de buses de la ciudad de La Quiaca, donde los precios se empezaban a poner algo groseros. La inflación no deja muy bien parado a Argentina actualmente, y los buses son una buena muestra de esto. Después de cotizar, logramos por algo menos de unos 500 pesos argentinos, un bus, donde atravesaríamos los últimos bastiones del desierto, ahora argentino, rumbo a la Ciudad de Salta.

El recorrido de este capitulo tiene pocas fotos y eso que fueron dos días de viaje, donde primaron los libros, observar la dinámica local, el desierto, la meditación y el dormir. Cuando cruzábamos el camino por el norte de Argentina, en un camino que se alargó bastante más de lo que pensábamos que iba a durar. Esto fue por la calidad de la carretera, que a veces era de tierra y a veces la estaban pavimentando. El turismo envasado actualmente vende el "paquete directo", haciendo extraviarse lo que alguna vez leí por aquí en algún blog, "el recorrido". Es más que tomar un avión y llegar rápido a destino, yo personalmente creo, que el recorrido el que hace mágico al camino, y uno no puede tratar de saltarse esto, por la comodidad de llegar rápido a destino. Es verdad que cada quien es dueño de viajar como quiera, y gracias  Khris he trabajado mi "zen" de la tolerancia, pero sigo sin encontrarse sentido a este andar desesperado, por llegar al rincón más recóndito del planeta, sin haber conocido por donde llegaste a ese destino final. Esto me hace querer cada vez menos las vacaciones con los días establecidos por mi calendario, y querer buscar una ruta sin fechas.

Un monótono rumbo sur, por la provincia de Jujuy
Luego de varios días de viaje, ya estábamos en el extremo norte de Argentina, un sector que poca gente siente como "argentino", mirabas por la ventana y solo veías quebradas y más quebradas, pero los colores dejaban de ser ocres y amarillos, siendo lentamente remplazados por un amable verde y por un aire más fresco, claramente le dábamos la bienvenida a la altura ya bajo los 2.000 metros sobre el nivel del mar, nos sentíamos incluso con más energías. A eso de las 8 de la noche, llegaríamos a Salta, "la bella" como le dicen, una ciudad que se mostraba amable, más de "pueblo", me recordaba mucho a Talca o Rancagua, todo el mundo a un paso más lento y con aires de tranquilidad para todo. Era tiempo de buscar una residencial, con algunos lujos de más porque queríamos ser más turistas en Salta, que viajeros. Hostal La Salamanca nos acogería por ese fin de semana, ya tendríamos tiempo para llegar a Iguazú, pero esto quedaría para otro capítulo. Aún así, un fin de semana para la ciudad donde habría tiempo para darle una vuelta, para quedarnos con algunas fotos de su amable cara. El local para aguantar un Bife de Chorizo: La Rinconada

Un pack pequeño, de Salta la bella








Al tercer día, luego de cotizar pasajes, que nuevamente, nos resultaban exorbitantemente caros, decidimos partir,. Nos acercamos a la salida de la ciudad, para ver si un alma caritativa nos llevaba haciendo dedo, nos esperaban unos 1.500 kilómetros hasta la triple frontera, pero eso quedaría para otro capítulo.

PD: Es útil los días de relajo para organizar los miles que papelitos y propagandas que vas reuniendo.


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sábado, 3 de junio de 2017

Desde el Cuzco hasta Iguazú (Introducción noctámbula)

(Introducción noctámbula)

Son las 3 de la mañana del 20 y algo de Abril y ya se comienzan a juntar las ansias previas al viaje. Teníamos pocas cosas listas y tampoco queríamos dejar tanto armado. Desde que estoy emparejado con Khris me he reconciliado con la incertidumbre, famosa frase que le leí en Caminos Invisibles, que han motivado despegarme lentamente del estrés laboral y dejarme seducir por lo inesperado. Porque si hacía unos años buscaba ampliar el presupuesto para recorrer miles de kilómetros en poco tiempo y con mucha comodidad, ahora me interesaba más el recorrido que el objetivo.

Existía ganas en Khris, en conocer Machu Picchu. De mi parte, he recorrido decenas de países, pero no había ido al icono turístico sudamericano, paradójico, pensando en que nos queda al lado de Chile. Entonces cuando nos surgió la idea de irnos con Khris, todo se fueron armando lentamente. Como es obvio, soy un hombre que no le gustan mucho las escapadas cortas,  le señalé: - "¿No te gustaría unir las Cataratas del Iguazú con Machu-Picchu?. Listo, teníamos armado el viaje.

Las semanas previas a la partida era bien poco lo que teníamos listo, entre el cambio de casa a irnos a vivir juntos, con el "amoblamiento" de nuestro nuevo hogar, nos iba quitando tiempo, hasta que nos vimos a unos pocos días de partir, con una serie de turnos plagados en mi calendario para darme cuenta que nos faltaban varias cosas, básicas, antes de irnos.

Teníamos un vuelo rumbo a Arica, la puerta norte de Chile. Pensábamos pasar una noche en esa ciudad para luego irnos via terrestre a Arequipa, donde íbamos a hospedar en la casa de un amigo de Khris. El recorrido hasta el Cuzco estaba bien armado, recordamos que para subir las montañas sagradas hay reservas, entonces los días deben estar algo calculados. Pero luego de eso, nada, solo las ganas de irnos rumbo al oriente hasta cruzarnos al río Iguazú. Serían unas 5 semanas y nuestras fichas estaban echadas para tomar nuestro vuelo el día jueves.

Las ansias se dispararon cuando la semana de irnos empezó una seguidilla de temblores, con su máxima expresión en un sismo 6,9... lo suficiente para querer reconciliarnos luego con la tierra.

Desde Machu-Picchu a Iguazú 2017





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Introducción Noctámbula >> Tacna, la puerta de entrada


La vista del departamento luego del temblor

lunes, 24 de abril de 2017

Argentina

Argentina
Nuestros vecinos, con los cuales tenemos miles de kilómetros de frontera, tan parecidos y tan diferentes a la vez. Me gusta ir a Argentina, me encantaría vivir un par de años ahí, me gusta esa manera que tienen de hablar y explicar todo, aunque no tenga lógica explicación. Me gusta la carne con tanta dedicación que hacen, donde el ritual manda sobre el tiempo.

Son cerca de 40 millones de transandinos y el 2013 fue mi bautizo, obviamente con Buenos Aires, una metropolis de 15 millones de personas donde se hace necesario tener varias vidas para poder recorrerla. He ido poco, conozco solo algunas ciudades, aunque el 2017 me di el placer de hacer dedo y viajar desde Salta hasta Santa Fe, conociendo algo del Argentina más tradicional, lejos del "puerto". Me duele ver que ahora el país está tan caro y para el bolsillo se le hace difícil quedarse más días por ahí, pero ya vendrán tiempos mejores.

Espero que este país se llene de varios capítulos.

Viajes 2013: Buenos Aires por 6 días
   . Primera parte
   . Segunda parte y el show de Iron Maiden
   . Tercera parte

Viaje 2017: Desde el Cuzco a Iguazú

martes, 18 de febrero de 2014

Buenos Aires por 6 días. (Parte III)

Buenos Aires, Sábado 28 de septiembre del 2013.


Última parte del viaje semanal a la capital de la nación argentina, días donde mis compañeros de viaje volvían a Chile, pero yo me quedaría ese fin de semana para ir al recital de otra banda (Alice in Chains) y conocer algo más de la ciudad porteña.

Luna Park, en el día
Luna Park en la noche, con la cartelera anunciando a AIC.
El recital era en el Luna Park, histórico recinto construido por la decada del 30 y testigo de varios eventos deportivos y políticos importantes en la historia de Argentina. Actualmente más dedicado a ser escenario de recitales y shows de bandas. Ese iba a ser el recinto que alojaría a la banda Alice In Chains, que tocarían el día siguiente del recital de Iron Maiden, que también fui a ver. Visualmente el lugar es lindo, tiene buenas terminaciones y las ubicaciones están muy buenas. Los accesos también son buenos y es fácil de llegar ya que está casi en pleno centro de la ciudad, yo personalmente me fui en el Subte y me bajé en la estación Leando Allem, a pocos metros del Luna. Mucha gente reunida en los alrededores, muy fácil acceder al recinto que sería testigo de este show.


Del recital, nada que agregar, la banda soberbia y firme, arriba del escenario unos cracks, me di el gusto de verlos tranquilamente sentados, como hacia mucho tiempo no veía una banda, repasaron su carrera en poco más de 2 horas en un recinto lleno de un publico muy entusiasmado.

Fernet con Cola.
De vuelta me fui caminando por la calle Corrientes, mucha vida nocturna, era un sábado y se notaba en las calles, pero decidí armarme de energía y caminar al barrio de San Telmo, donde poco y nada conocía del lugar para salir de noche, pero pensé que algo de suerte podía tener al conocer la vida bohemia de Buenos Aires. Tuve suerte, ya que mientras caminaba encontré una caravana de gente, con ambiente de fiesta y claro, era el pub crawl de Buenos Aires, que es una especie de tour por discos y pubs prendidos. Así que los seguí hasta que entraron a un pub y me quedé ahí, que fue una buena decisión, claro que lo fue, las 2 cervezas artesanales por $50 pesos argentinos (U$6/$3.000) y un precio similar por el Fernet, fueron varios vasos durante la noche, terminé conversando con unos muchachos, también fanáticos de Alice in Chains, que eran de Wilde y fanáticos de Independiente de Avellaneda y finalmente me quede hablando con gente de la barra, con unos turistas venezolanos y con el guardia. Finalmente después de varias horas adentro y bien ebrio, me retiré a mi hostal, en taxi, ya que estaba muy ebrio, fue una buena noche pero ya era hora de dormir.

La Bombonera
El domingo era día de fútbol, la pasión que mueve a los argentinos, una estrategia con una entrada de reventa y una previa que iba a recordar por mucho tiempo. Estaba todo programado para juntarme con un revendedor de entradas que me iba a pasar a buscar a una cuadra de mi hostal, el partido era Boca Juniors v/s Quilmes, en el mítico estadio La Bombonera. Me recogieron en un vehículo y fuimos al barrio de la boca, muy lejos del sitial turístico que se acostumbra en los tours. Nos arrimamos en el Audi que nos transportaba en los alrededores del estadio dentro del barrio de La Boca, un cerco policial impedía nuestro avance, pero eso no fue problema para nuestro conductor, que a través de unas señas y unas claves, logró que el policía le abriera paso para ingresar a unas calles donde estacionaban los vehículos. Luego de esto, caminamos a una tienda donde íbamos a esperar "al grupo". Yo le había dicho al revendedor durante el contacto los días anteriores, si se quería tomar una cerveza previo al partido, él me devolvió la invitación y fue cierto. Caminamos a una tienda de alimentos, una seña al dependiente del loca y nos abren una reja lateral, haciendo ingreso a un gran patio donde había cerveza, cerveza y más cerveza con cerca de una decena de personas, los cuales estaban viendo los partidos de la fecha del fútbol argentino. Un ambiente bien local, pero que no dejaba de ser intimidante. Una hora de conversación calmó los ánimos, el dueño de la reventa era un tipo con cara de pocos amigos, pero que siempre trataba bien a sus clientes, como yo, a pesar de que me imaginaba que en ese clandestino habían armas y quizás algo más, jamás me pasó nada. Me trataron bien, me invitaron a beber y me pasaron mi entrada/carnet. El carnet es por algo simple, no se venden entradas como acostumbramos en todo el mundo, sino que los socios tienen derecho a asistir al estadio, no hay problemas de asistencia en la Bombonera, ya que 50.000 asientos de estadio versus más de 80.000 socios hacen que la ecuación sea perfecta para que el estadio siempre esté lleno y siempre exista gente que quiera entrar. Me dieron las indicaciones de como entrar y fui con una chica que iba en el Audi y su esposo, quienes me hicieron el contacto para la reventa. Salimos del clandestino local rumbo al estadio, distante a una cuadra, rodeado de un ambiente mágico de efervescencia. Lo de adentro, un mar de cánticos y gente cantado, algo que puede explicar este video aficionado del partido.

Boca 2 Quilmes 0 Torneo Inicial 2013  


La barra brava de Boca Juniors


Visión panorámica del estadio desde mi ubicación

El día siguiente, por recomendación de el blog directorio de micros, llegué a la Antigua Querencia, en el barrio de Almagro, cerca de la estación Ángel Gallardo del Subte, una parrillada de barrio, atendida por sus dueños, donde degusté unos bifé de chorizo, que creo, que han sido los mejores que me he comido en la vida, un almuerzo completo, bife, dos empanadas, una porción de puré de papas, un chorizo, una bebida y una jarra de vino, por U$15. Después salí a recorrer una feria de la zona que rodeaba el Parque del Centenario, un par de libros a la mochila y luego tratar de buscar como llegar al subte, ya que me extravié de tantas vueltas que di (quizás la jarra de vino hizo efecto).

Pure, bifé de chorizo, bebida, vino y salsa picante.
La antigua Querencia, en el barrio de Almagro.

El proximo destino era llegar al Ateneo Grand Splendid, un antiguo teatro ahora dedicado para la librería más popular de Buenos Aires, un recinto hermoso, ubicado en Avenida Santa Fe, casi esquina Avenida Callao, en el barrio de Recoleta, uno de los más lujosos de Buenos Aires. El recinto, era increíble, finas terminaciones y un ambiente mágico, muy bien mantenido para darle paso a la venta de libros, una buena idea que deberíamos replicar en Chile con tanto teatro que tenemos abandonado.


El Ateneo, Grand Splendid.
El Ateneo, Grand Splend mirado desde otro punto.

Mi caminata siguió al barrio de la Recoleta, más específicamente al cementerio de dicho lugar, me colé en un paseo de un colegio y tuve un freetour sin esperarlo, una duración de 30 minutos donde vez la historia argentina y la fuerte relación entre Chile y el país trasandino durante anteriores épocas.
Cementerio de la Recoleta

Luego de esto había que arreglar la maleta, tenía vuelo a las 7:30 desde Ezeiza a Santiago, un mal horario pero era el más barato del día. El taxi desde el Hostal (Monserrat/San Telmo) hasta el aeropuerto me costó $200 locales, unos $10.000 chilenos, un precio acorde ya que Ezeiza queda a unos 40 kilometros de la ciudad y el horario que tenía del vuelo no me permitía usar transporte público. Tengo entendido que salen buses desde el microcentro y que los precios bajan a la mitad, pero no logré averiguar mucho de esto. Buenos Aires era una deuda pendiente, la excusa de ir a ver unos recitales fue perfecta para conocer la ciudad, es enorme y me quedó mucho por recorrer, la gente en Buenos Aires fue amable y estamos muy lejos de ese odio nacionalista que estamos acostumbrado a ambos lados de la cordillera, me trataron bien, lo pasé bien y disfruté mi estadía allá. Espero volver pronto, con otra excusa.


Datos: 
- Llevar dolares desde afuera.
- Antes comprar cuero (chaquetas, carteras) era conveniente por los precios, ahora los valores están igualados.
- La cartelera de shows y expectáculos es enorme en la capital argentina, hay que informarse muy bien antes de viajar pues puedes encontrarte con alguno.
- San Telmo es un buen lugar para salir de noche.
- Buenos Aires me pareció más seguro de lo que se conoce, todos dicen que es una ciudad insegura, pero simplemente hay que tomar los resguardos de cualquier ciudad de Sudamerica.
- El microcentro es la parte más insegura, mucho lanza/carterista, a diferencia de San Telmo, que tiene más ambiente de fiesta, pero es solo eso.
- Los taxistas no dan buenos datos.
- Hostal Arrabal es un buen lugar para alojar, aunque en general la hosteleria es barata.

Un pack de fotos de la ciudad: 


Atardece en la Casa Rosada

El colectivo

Nuestra Señora del Pilar

Habitante de San Telmo

Y bien, de vuelta a la capital, de muestra, la postal que más me gusta, la cordillera de los andes arriba de un avión.

Buenos Aires - Santiago de Chile.

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