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domingo, 13 de agosto de 2017

A las costas del Titicaca, Bienvenidos a Puno

Mayo del 2017

La llegada a Puno fue de madrugada, bien entrada, a las 4 de la mañana. La altura de 4.000 metros sobre el nivel del mar se hacía presente, gracias al frío que se hacía notar. Apenas bajamos del bus en las afueras de la ciudad, habían unos taxis haciendo guarda. Pactamos por 10 soles una ida al centro de la ciudad para tocar el timbre de una posada que habíamos visto solamente por recomendaciones de internet. La Posada Don Giorgio era la elegida y fue una buena idea, porque a pesar de la hora, nos recibieron, nos dieron una hermosa habitación y conciliamos rápido el sueño para la siguiente jornada. El precio eran 20 dolares por noche, pero el lugar era un lujo, además esa "noche" que llegamos de madrugada, no la cobraron, sino la hicieron pasar por un arribo más temprano. Se nos dio un nutrido desayuno, por 15 soles, con una amable mesa con lácteos, frutas y cereales, para darnos energías y recorrer una ciudad que está debutando con un incipiente turismo más cosmopolita, estábamos en Puno.

Iglesia de San Juan
Recorrer Puno requiere paciencia, no porque la ciudad fuera desordenada, todo lo contrario. Puno está en la costa del Lago Titicaca, con una hermosa bahía, un centro histórico con el trazado clásico del ajedrez típico trazado por los alarifes de las capitales sudamericanas y unas plazas que invitan a sentarse en sus cómodas bancas. Lo de la paciencia, viene por el aliento que uno debe recuperar al caminar, la altura, recordemos los 4.000 msnm, se empieza a notar, pero las calorías vienen por parte de la nutrida oferta gastronómica que tiene la ciudad. En Puno encontramos los pasteles y dulces callejeros más ricos del Perú y los lugares más baratos también, el precio más bajo que encontramos por un menú que ofrecía almuerzo postre y jugo, fueron 4 soles, cerca de la zona del estadio, camino al puerto de la ciudad.

Cremoladas dan la bienvenida

Cholitas de Puno

Rumbo al lago

Plaza de Pino
Recetas chifas

Sector céntrico y la calle Lima

Plaza de Armas de Puno

El Menú a 4 soles
Nos acercamos al puerto lacustre de la ciudad, para abordar una de las cientos de embarcaciones que ofrecen tours a los 3 grandes atractivos turísticos: la Isla Amantani, la Isla Taquile y la Isla de los Uros. Nosotros nos inclinamos por esta última, que permite un recorrido que solo dura medio día. Las islas flotantes de los Uros son cerca de 80 construcciones hechas de totora, las cuales flotan en el Lago Titicaca. El origen del pueblo de los Uros es algo incierto, pero las pocas familias que aun subsisten, refieren la procedencia de su pueblo, previo a la cultura Inca. El mito señala que los Uros huyeron al lago, arrancando de la invasión Inca, que luego se transformó en la invasión española. Los Uros subsistieron gracias a la explotación del Lago Titicaca durante siglos, aunque ahora su economía persiste básicamente al turismo, ya que del lago no ofrece peces para su consumo como lo fue siglos atrás.
La costa de Puno

Las autopistas de los Uros
Bienvenidos a Los Uros

Los Uros

Los niños de los uros
Las telas de los Uros

Las bases de las islas
Los uros
Los Uros

Los Uros

Al llegar a los Uros, nos sorprende una pequeña, pero ordenada red de canales para recorrer la isla, toda la gente se desplaza en botes, aunque algunas islas estaban conectadas por la totora, pero cada familia mantiene su independencia. La isla es particular, una familia nos explicó la forma en la cual se construyen sus casas y como ellos han mantenido esta tradición durante siglos. Refieren de todas maneras que ya están prácticamente mezclados con los habitantes de "fuera del lago", muchos estudian o viven de manera alternada en Puno y la isla, la cual cuenta con electricidad durante algunas horas del día, gracias a paneles solares instalados. De todas maneras, a simple vista "occidental", se demuestra la dificultad de habitar una isla "flotando" y el orgullo de las familias de permanecer en este lugar. Quizás las balsas de totora son la postal clásica del lugar, adornadas en sus puntas con animales mitológicos, las cuales prevalecen en los afiches turísticos. La tarde la pasamos en este lugar, para luego volver al puerto y luego a nuestro hostal. Al día siguiente queríamos seguir rumbo a Copacabana, ya en Bolivia, pero eso va para otro capitulo.

Quedamos para Putina

Nos íbamos para Bolivia, muy agradecidos de la hospitalidad peruana

Link útiles
- Posada Don Giorgio

¿Como ir de Puno a Copacabana?
Ir al Terminal Zonal Sur Puno, queda un par de cuadras más al sur del terminal de buses internacionales. Ahí pasan mini buses que por 8 soles, te dejan en Yunguyo, que está en la frontera con Bolivia.  Luego del sello de pasaportes, uno cruza a pie la frontera y al paso hay colectivos, que por 4 bolivianos, te dejan en 20 minutos en Copacabana, principal puerto boliviano del Lago Titicaca. Al pasarse a Bolivia uno atrasa el reloj una hora, así que el viaje "duró menos".


La frontera de Perú Bolivia... bienvenidos al país altiplánico!!


jueves, 10 de agosto de 2017

El Cusco, segunda parte (...y la montaña de los 7 colores)

Mayo del 2017.

Este capitulo detalla nuestro recorrido por el Cusco. Está dividido en dos partes, la primera cuando llegamos a la ciudad, escrita dos capítulos atrás, y la segunda parte es cuando volvimos de Machu Picchu, que es este capitulo.


El recorrido que se nos venía
Después de esperar la Van en Santa María, y cruzar nuevamente las montañas que nos despedían de la zona más humeda, llegábamos desde Machu Picchu al Cusco, cuando ya anochecía. Las luces nocturnas daban paso a lo que se conoce como el Cuzco más bohemio, era un día sábado y se notaba un ambiente festivo en las calles. Tomamos nuestras mochilas y enfilamos hasta nuestro hostal que ya habíamos pasado noche en nuestras primeras jornadas. Por suerte les sobraba una habitación y podríamos descansar ahí. Aprovechamos la noche para buscar unas pizzas, el antojo de pizzas en Perú siempre es grande, considerando que todas las hacen en hermosos hornos de barro que favorecen un sabor inmejorable. Esta vez no fue excepción, en la misma zona de la Plaza de San Blas hay muchos locales que ofrecen cosas para una merienda. Había mucha onda, muchos pub's abiertos, pero en nuestra manía avejentada, subimos a la terraza de nuestro hostal para tener la visión panorámica de la ciudad.

El señor Pachacutec, guardián de la ciudad
Nos quedaban un par de días más en el Cuzco y lo aprovechamos de muchas maneras. Primero bajamos hasta la zona del Terminal Terrestre de Buses, donde dejamos pactado un pasaje a Puno, por 50 soles cada uno, en un bus cama para la noche subsiguiente. Del terminal volvimos a la zona del Mercado de San Pedro, por módicos 0.8 soles el recorrido en el transporte público de la ciudad. El mercado era todo un universo gastronómico para deleitar a este par de hambrientos chilenos que vagábamos por sus pasadizos En su interior hay un pasillo para cada motivo: un pasillo para quesos, uno para frutas, uno para verduras, y así sucesivamente... aunque el mejor era el pasillo de ceviches, si, solo de ceviches, un solo pasillo dedicado a este manjar. El Mercado de San Pedro queda en la zona central de la ciudad, casi colindante con la Iglesia de Santa Clara y pasado un gran arco que separa la ciudad viejo de las zonas más "alejadas", aunque esta lejanía se remonta a un par de cuadras.

Añadir Buses Salvador, los elegidos
El Cuzco cercano al terminal

Monumento al caracol

Y el monumento al tractor

El Mercado de San Pedro
El universo de quesos

Sector quesero

Para el dolor de articulaciones

Sector cevichero

Monumento a la virilidad

Fetos de llama

Al salir, nos encontramos también con más tiendas callejeras, era domingo y la ciudad se volcaba a las calles. Al frente de la Iglesia de Santa Clara se instalaban humoristas, antisionistas, predicadores, jugadores, timadores y por supuesto, vendedores de cientos de comidas, caldos y cuanta golosina a uno se le ocurra. Nosotros claramente nos tentamos con las comidas, donde ordenadas banqueteras ofrecían cada cosa a uno se le ocurriese.

Más comida callejera

Progaganda


Venta de wafles tipo Bélgica

Cerveza Candelaria, necesaria antes de partir
Ese día dejamos pactado un tour, por 70 soles cada uno a la Montaña de los 7 Colores, conocida también como Rainbow Montain para los gringos y en lenguaje estricto, Vinicunca, que quiere decir "Cerro de colores". Actualmente operadores turísticos ofrecen el viaje por varios días a través de cabalgatas, o también existe la alternativa para hacer un viaje que se prolonga por sólo un día, nosotros escogimos esto último. Entonces nos fuimos a aprovisionar y descansar, al día siguiente (o la madrugada...) nos pasaba a buscar a las 3:30 horas un minibus, que nos llevaba durante 3 horas a poco más de 100 kilómetros hacia la zona montañosa en los faldeos del Nevado Ausangate. Luego de un desayuno en la localidad de Checacupe, el minibus avanzaba hasta la comunidad de Queshiuno, donde comenzaba la travesía de la Montaña de los 7 Colores.

Los minibuses te dejan en una zona sobre los 4.300 metros sobre el nivel del mar, para luego subir a los 5.100 metros del final del recorrido. Son sólo 5 kilómetros de caminata, pero en un ascenso que requiere algo de mínimo estado físico. Habían muchos arrieros que ofrecen sus caballos para hacer el recorrido, pero en un afán de orgullo juvenil, quisimos subir todo a pie, ojo que no todos los trayectos se pueden hacer a caballo, hay unas partes con fuertes ascensos donde debes bajarte, no fue nuestro caso porque siempre lo hicimos a pie. El trayecto nos demandó casi 3 horas, hay que hacerlo a paso lento, sin dejarse apurar por lo guías, cuando empiezas a sentir la altura es necesario concentrar la respiración y conocer la capacidad física propia, para saber cuando continuar o cuando detenerse. Me gustaría dar un link sobre recomendaciones de ascensos a montañas, pero básicamente esos datos pude recoger antes de esta subida, porque montañistas no somos. Los datos que si tenemos son el valor del tour que era de 70 soles por persona, incluido el traslado, el desayuno y el almuerzo. También vimos los valores de los caballos, que eran de 80 soles subida y el mismo valor la bajada. Los bastones los arrendaban por 10 soles y bueno, subir a pie no tenía otro valor agregado, más allá de los jadeos y las recriminaciones de cuando ibas caminando y los nativos ofrecían los caballos.

El ingreso al Apu Winicunca

La caminata
La desesperación al saber que hay que subir

Poco después de las 11 de la mañana estábamos llegando a la cima, después de un último ascenso. No somos montañistas como dijimos, pero me dieron ganas de serlo, porque la emoción que uno siente al lograr una cima, es fenomenal. No existe algo que pueda describir lo logrado, porque son demasiados sentimientos, que dan ganas de llorar, gritar y varias cosas a la vez. Fue duro, especialmente el último ascenso, nos sentíamos algo desfavorecidos frente a los demás, después de haber hecho todo el recorrido a pie y nuestros pasos cada vez se sentían que eran más pesados. En algunos momentos dudamos de seguir subiendo, incluso pensé que la hipoxia cerebral que siempre refieren los andinistas, donde al "apunarte", empiezas a tomar malas decisiones, entonces nos encontrábamos en dilemas cuando recordábamos si estábamos bien subiendo sin tener una preparación andinista, o simplemente eramos unos irresponsables aficionados. Los guías nos ayudaban con un "vamos" y la mirada al ver el último ascenso era de espanto y ansiedad. Juntamos fuerzas y continuamos, hasta lograr el objetivo y aunque el frío con el viento ponían a prueba nuestra capacidad física, hacer una cima sobre los 5.100 metros fue genial.

Desde las alturas del Vinicunca

La vista desde arriba
Llegamos!!!!

Apunados pero disfrutados
La montaña de los 7 colores

La bajada nos permitió disfrutar con más detención los detalles que omitimos en el ascenso, unos hermosos valles donde nacen los ríos que irrigan esta zona de los Andes y que terminan en el Amazonas, un paisaje conmovedor coronado por el fondo del Ausangate. Nos mencionaron que este nevado nunca ha sido escalado. También de vuelta, después de un contundente almuerzo, se nos señaló que la montaña de los 7 colores es bastante nuevo. En los años 90  recién se descubrió este lugar, donde los arrieros señalaban que nunca le habían visto un uso turístico. Los trekking hasta la zona de las montaña de los 7 colores duraban por lo menos 4 días, lo que lo convertía en una ruta de andinistas expertos. Recién por el 2014 se abrió un camino que acerca la montaña a unos 5 kilómetros a pie, lo suficiente para que novatos como nosotros, pudiéramos lograr el recorrido.

Aún quedaban arrieros

El valle del Vinicunca

El valle

Ya en el Cuzco, recogimos ropa que teníamos lavando, por 18 soles le sacamos la suciedad a una cantidad importante de ropa. Una once poderosa, pues viajábamos de noche rumbo a Puno, ahora nos subíamos a un bus Boliviano para llegar a la orilla peruana del lago Titicaca, una ciudad que se empina sobre los 4.000 metros sobre el nivel del mar, pero esto será para un siguiente capitulo.

El bus iba a La Paz, pero nosotros nos bajábamos antes

Desde las alturas
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