jueves, 4 de enero de 2018

Porto Alegre (y la vuelta a casa)

Junio del 2017.

Desde Itapema, se nos venían unos 500 kilómetros de viaje. En Brasil, las distancias largas y los recorridos con muchas horas son una norma. Nosotros teníamos un vuelo desde Montevideo el 2 de Junio y nos apuraba llegar, lo más cerca posible del aeropuerto, Porto Alegre estaba unos 500 kilómetros cerca, así que nos serviría. El bus "Penha" nos acompañó en un agradable viaje por toda la noche...aún leo el nombre del bus y me da risa, como que nos daba "pena".

Nuestro viaje nocturno
Llegamos a eso de las 7 de la mañana a Porto Alegre, una ciudad bien gris, en una mañana bien gris, nos recibían en un terminal, igual de gris. Es que al llegar a la capital de Rio Grande do Sur, me sentí haber arribado al terminal San Borja, o en verdad a cualquier terminal de nuestro querido Santiago de Chile. El ambiente de Porto Alegre es frío, estábamos bien lejos de esa imagen "tropical y veraniega" que existe de Brasil, es que el sur del país perfectamente puede separarse como otro país, es demasiada la diferencia versus el norte de Brasil. Los une claro, el idioma, con el resto del país, pero considerando que casi 1/4 de la población vive en Sao Paulo, y una cantidad no menor se reparte en la zona más industrializada, al sur de Brasil, esta zona es perfectamente un país aparte y requiere tiempo y dedicación para entender sus estados y mucho más tiempo para recorrerlo. Peculiarmente, Rio Grande del Sur tiene un tamaño similar a su vecino del sur, Uruguay, incluso hasta la forma geométrica es parecida, pero en el estado brasileño viven 10 millones de personas y en Uruguay solo 3 millones, en Brasil todo es grande y en el sur todo es bien diferente.

Bienvenidos a Porto Alegre
El primer desafío, antes de buscar algún desayuno surtido por los locales a la salida del terminal y por supuesto, algunas frutas, fue adaptarse en una ciudad muy acelerada, con mucho tráfico, en un horario matinal que aún era punta. Teníamos que avanzar unas 5 cuadras hasta nuestro hostal, en el mapa nada difícil, pero en la practica nos encontraríamos con una poco amable ciudad de Porto Alegre. El cambio fue drástico, de pasar a Bombinhas, a una megaciudad donde las veredas parecen ser un lujo, una ciudad con una planificación urbana tan tristemente poco amigable, donde debes buscar un rumbo en zig zag, para seguir una línea recta, fue drástico. Se supone que si tu quieres avanzar derecho, debes seguir derecho, pero no fue así. Tuvimos que cruzar un puente, luego pasarnos a una vereda y luego a otra, hasta empalmar con un parque para recién adentrarnos en la zona de "Cidade Baixa", donde estaba el hostal que nos esperaba, la preferencia en Porto Alegre era para los autos y al final, para las personas. El arte callejero también era reemplazado, por una montonera de grafitis pintados solo a spray de 1 color, que más amedrentaba que acogía. La primera impresión de Porto Alegre no era amigable.

Nos recibió el Eco Hostel, una casa grande acondicionada como hostal. Tiene un gran patio trasero, donde hay varios lugares para descansar y un par de hamacas. Mucho mobiliario antiguo y una gran zona de confort en el living. La habitación de nosotros algo pequeña, pero cómoda. Y lo mejor del hostal, una ubicación privilegiada: a una cuadra de un gran supermercado, en una zona de pubs, a una distancia cercana del centro histórico de la ciudad, pero también con la distancia suficiente para no sentirse tan al centro de la misma. Cidade Baixa es una zona que se empieza a declarar bohemia, donde andar en bicicleta empieza a ser una buena alternativa, ya que varias veredas muestran incipientes ciclovias, en un Brasil que lucha con la superpoblación, incluida la de los vehículos, pues encontrar tacos en cualquier ciudad de Brasil, es algo muy común. Al llegar y chequearnos, el hostal nos arrendó un par de bicicletas, que nos sirvió para darle una vuelta a varios atractivos de Porto Alegre.

Ahora bien, Porto Alegre no era ningún destino, sino era una ciudad de paso en nuestra ruta a Montevideo. No sabíamos mucho de ella, más allá de que tienen dos equipos de fútbol, el Inter y el  Gremio, con el cual habitualmente nuestros equipos nacionales pierden, pero más allá de esto, no sabíamos mucho de la ciudad. En estricto rigor, el "puerto alegre", queda hacía un río, y no hacía el mar. El tema es que es un río muy grande, llamado Guaiba, que en estricto rigor, es un lago, pero largo y ancho, que da en un mapa, desde muy lejos, una imagen de un río. Sus habitantes son los gauchos, se toma mate y el plato principal son las carnes asadas, acá conocidas como churrascos. Entonces, uno al ser chileno y tener vecinos argentinos, asimila más el mate y los gauchos con nuestros hermanos trasandinos. Es que acá viene esa cosa entretenida donde las culturas argentinas, uruguayas y argentinas, se empiezan a mezclar y solamente los separan historias políticas propias y algunas mixtas... y claramente, el idioma, pero no hay que olvidar que en algún momento Porto Alegre, fue parte de las disputas coloniales entre españoles y portugueses, aunque eso da para un libro de historia aparte con muchos capítulos y divergencias. Volviendo a nuestro viaje, una persona que quizás venga de afuera de Sudamérica, inicialmente verá pocas diferencias en estas regiones, así que con el correr de los días, quisimos recorrerla un par de días en tranquilidad y acá desglosamos algunos atractivos para darle una vuelta.

Ya instalados en el hostal, estábamos frente al Parque Ferrouphilla, que lo atravezaamos en bicicleta. Está cruzando desde nuestra ubicación en el hostal, así que se puede ir caminando. También fuimos en las bicicletas hasta el Jardín Botánico de Porto Alegre, a la entrada te cobran 6 reales al entrar. Son 39 hectareas, con una frondosa vegetación, con arboles bastante grandes para lo que uno se imagina a un jardín. Al interior al un anfiteatro al aire libre y una señalización bastante simple para poder moverse en el lugar. También aprovechamos de ingresar al Museo de Ciencias Naturales, donde se explica en parte el origen de la fauna de Rio Grande do Sur, el ingreso al museo viene incluido en el ticket de ingreso.

Jardín Botánico
Jardín Botánico y su exploradora

El Jardín Botánico y su mega flora
El anfiteatro del Jardín Botánico

Siguen las megaplantas

Mensión aparte a la laguna donde daba rienda suelta frente a la cámara este amigo negro:








La vuelta en bicicleta fue en el horario punta y volveremos a repetirlo... ¡Que manera de haber autos en Porto Alegre! Cuando miras documentales de ciclistas y organización urbana, siempre el ejemplo es Sao Paulo o cualquier mega-urbe brasileña y pareciera que esto es verdad. Como las ciudades, y en general el país es tan grande, la bicicleta parece ir tomando algo de protagonismo, pero los conductores de autos aún no asumen esto, así que hay que moverse con cuidado por las calles, ya que son pocas (y casi ninguna....) de las bicis que recorrimos la ciudad. Al llegar a la ciudad nos dimos cuenta de esto: Toda la preferencia es para el auto, lo cual no funciona mucho, considerando que la ciudad estaba colapsada en atochamientos. Como dijimos al llegar, nosotros para cruzar un par de cuadras en linea recta, tuvimos que darnos varias vueltas. No hay mucha preferencia para los peatones siquiera y la planificación urbana le da prioridad a todos los vehículos, menos al ciclista. A este paso no durarán mucho antes del colapso.

También nos fuimos a pie al centro histórico, un camino donde puedes encontrar el Monumento de Acorianos, postal típica de la ciudad, para luego penetrar en el casco antiguo, donde emergen la Catedral Metropolitana de Porto Alegre, el Teatro San Pedro y la plaza Mariscal Teodoro. A pasos para seguir al Mercado Municipal, que ofrece un gran número de alimentos, en especial embutidos, así como artesanía típica. Lo simpático, es que era un día laboral, así que se veía todo el ajetreo del centro de la ciudad, mucho ejecutivo oficinista caminando a paso rápido, ferias artesanales a medio abrir, ofreciendo "recuerdos de porto alegre" y muchos almuerzos buffet, donde paramos a comer.


Uno de los pilares de la catedral, el mensaje es claro

El edificio de Justicia
Un hotel que no sucumbe ante la modernidad

Teatro San Pedro
La vida cotidiana de Puerto Alegre


Los rayados son algo común en Porto Alegre
Aprovechamos para entrar al Museo de Arte de Rio Grande do Sur. Una linda estructura, que ofrecía ese arte tan alejado del conocimiento de alguien que sabe poco de arte, quien escribe, para ver en unos cuadros algunas rayas y manchas, que no sabíamos realmente que era. Aún así, la entrada era gratis y al interior vendían un rico café. ¡Ah!, que no se olviden, acá el café es bueno, y aprovechamos de echarnos unas bolsitas, para traernos de vuelta a Chile.

Tratando de entender las obras 
La única que nos llamó la atención

El vestíbulo del museo
Mucho arte por hoy, nos vamos al mercado

A cuadras, nos pasamos al Mercado Municipal, con muchas tiendas de comida y embutidos, pareciera que muy comunes en este lado de Brasil. También una gran venta de Mates y Hierbas y toda una mixtura para el turista que quiere llevarse todo.







Días de relajo, no teníamos intenciones en llegar a paso rápido a Montevideo, asi que nos quedamos un día más. A la noche un partido de fútbol entre Inter De Porto Alegre v/s Palmeiras. Khris nunca había ido a ver un partido de fútbol, así que la invité para que sea su primera vez, en un estadio que acogió el Mundial de Fútbol del 2014: un recinto moderno, con todas los accesos del primer mundo, para recibir a 50.000 personas, que disfrutamos de un entretenido juego. De manera personal, también aproveché que justo en nuestro recorrido, tocaba Amon Amarth, en una disco ubicada a dos cuadras de nuestro hostal. También hubo tiempo para Bric Conceicao, una enorme tienda de vinilos que me permitió dar rienda suelta a la megalomanía de los vinilos. En resumen, Porto Alegre convive con la monotonía del gris y los esfuerzos para darle un matiz "alegre" a la ciudad... Como olvidar cuando pregunté a un brasileño en el hostal: "¿Es seguro ir a la zona del estadio?".... - Ah... ningún lugar en Brasil es seguro ahora amigo...-" dijo con un tono nostálgico. Personalmente nunca me sentí amenazado y quizás esa sensación de inseguridad es la que priman en los noticiarios y que siembran el temor, quizás con Joao Gilberto de fondo podría sonar más romántica esta nostalgia.

Desde el casco histórico de la ciudad
Como era de esperarse, nos tocaba una noche más de recorrido. En un Bus que tenía destino Montevideo, pero con cuyo chofer pactamos que nos dejara en el Aeropuerto de Carrasco, para evitar la capital de Uruguay, la ciudad más cara que conozco en Sudamérica.

Nuestro recorrido final, hasta el Aeropuerto de Carrasco
De amanecida, nos despertó el auxiliar del bus, avisándonos que ya estábamos en la entrada del Aeropuerto de Carrasco. Con una densa neblina, caminamos al interior del recinto para embarcar, era momento de volver a Santiago. En algún momento tuvimos algo de miedo, pues habían varios vuelos retrasados por la niebla, pero durante el viaje tuvimos mucha suerte en nuestro recorrido, el final de viaje no podía ser una excepción. Al rato de un café reponedor, se abría el sol y los vuelos volvían a la normalidad.

Última foto antes de abordar, atrás la capa de niebla
Se nos había acabado el viaje, donde logramos unir el Pacífico con al Atlántico, ambas costas de Sudamérica en un recorrido que se nos hizo demasiado breve, al continente americano es posible darle más tiempo, quizás un tiempo eterno. Ya habrá otro momento para seguir viajando por Sudamérica.

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Bombinhas y días off <<< Porto Alegre y el regreso

lunes, 11 de diciembre de 2017

Guía práctica para relajarse en Bombinhas

Bombinhas, mayo del 2017.

Llevábamos un mes de viaje cuando Oscar, nuestro anfitrión en Puerto Iguazú, nos sugirió que si íbamos a la costa de Santa Catarina, hiciéramos una parada en Bombinhas. Lo primero fue ubicar en el mapa donde quedaba esta ciudad, que tampoco clasificaba para ciudad, sino más bien, un pequeño pueblo costero, entremedio de los turísticos Florianópolis y Camboriú. Como últimamente evitamos el destino tan turístico, le hicimos caso a los consejos de Oscar y desde Foz de Iguazú, ubicamos un bus que nos dejaría cerca de la costa, por donde podríamos llegar a Bombinhas. Una vez en el terminal de Foz, y después de comer un Subway, por primera vez e mi vida, ya se venían las 8 de la noche y comenzaba un viaje, que iba a durar unas 12 horas. Las distancias en Brasil cada vez se nos hacían más largas.

1.000 kilómetros se nos venían
Acá se vienen algunas máximas del viajero Sudamericano: nos teníamos que acordar que Brasil es grande, que cada estado podría ser perfectamente un país y que el tiempo para recorrer Sudamérica, siempre, siempre y casi siempre, se hará poco. Que ganas de habernos detenido entremedio de los parques y bosque que se divisaban en el camino rumbo a Curitiba, donde el bus hizo una especie de parada, antes de seguir su camino hacia el sur. De a poco desaparecía el perpetuo verde y emergieron las miles de fábricas que pueblan el sector bien industrializado del sur de Brasil, una zona que es uno de los pilares de la economía del país más grande de Sudamérica. Logramos conciliar el sueño, no sin antes, una parada de la policía que revisaba todo el bus, recordemos que veníamos de una ciudad fronteriza.

¿Primer consejo?... Armarse de paciencia si andas en un bus brasileño
Despertamos, después de dormir tranquilamente en el bus, eran recién las 8 am y las ansias por llegar empezaban a inundar. Mirábamos afuera, recordando las fotos que vimos en internet de Bombinhas y comparandola con la fabrica tras fabrica que seguía apareciendo en la ruta, llegando a cuanta ciudad donde paraba el bus, que obviamente no era directo, y las ganas de llegar iban aumentando. Pasó Curitiba, Joinville, Penha y el mismo Balnearo Camboriú. Por fin, después de unas 14 horas arriba del bus, llegamos a Itapema, nuestra primera parada.

¿Segundo consejo?... Los paraderos locales son poco señalizados
Nuestra parada era la mencionada Itapema, porque no hay bus directo a Bombinhas. Entonces uno debe bajarse en Itapema, ciudad costera pegada a la carretera 101, para luego buscar una combinación a través de micros. Preguntamos en una boletería local y amablemente nos indicaron la calle. Fueron bien amables, pero era un portugués bien inentendible. Los brasileños entienden muy bien el español del resto de sus vecinos sudamericanos, pero a la inversa nosotros siempre salimos para atrás. No hubo caso, salimos del terminal y no encontramos una parada de buses: subimos por una calle, bajamos por otra y después de varios minutos, logramos divisar un humilde letrero que decía algo similar a "parada". Así que nos plantamos a esperar ahí. Después de unos 30 minutos, aparece una micro que nos iba a llevar a... Bombas, la parada previa a Bombinhas.

¿Tercer consejo?... Uno se sube por detrás a las micros locales.
Lo primero que nos percatamos... ¡Es que la micro venía en la dirección contraria del paradero!. Acá nos alertamos, porque al divisar la micro en la dirección opuesta, pensamos que no iba a parar, y empezamos a hacer gestos desesperados para que se detuviera, pero si se detuvo, porque las paradas aunque estén a un lado de la calle, acá corrían para ambos sentidos. Entonces abordamos la micro, por atrás, donde estaba un perfectamente bien vestido cajero humano, con unos zapatos que tenían más lustrado que los que usé yo en mi ultimo congreso, para hacer una labor que puede parecer tan cotidiana, como cobrarnos un pasaje. Primer mensaje: un buen vestido encaja bien, una buena sonrisa también. La sonrisa del cajero al vernos recargados y con un día a cuestas en el bus nos decía todo. Él nos señalo que si la micro no llegaba a Bombinhas, nos dejaría en Bombas, parada previa a nuestro destino final. Por alguna razón las ansias bajaron y sentíamos que el destino, de dificil acceso, valdría la pena. Entonces después de unos 20 minutos de trayecto por una ruta costera, nos dejó en un paradero, para luego esperar la micro definitiva a Bombinhas. Ah, el precio de los tickets: nunca subían de 2 reales.

¿Siguiente consejo... Porque Bombinhas? Elegimos Bombinhas porque todos nos hablaban bien del lugar
Bombinhas es un pueblo ubicado a medio camino de Florianopolis y Camboriu. Ambos son destinos de excelencia del turismo del sur de Brasil. Con suaves playas y tupida vegetación. Los arboles son frondosos, no encontramos el típico paraje desértico con la palmera y dunas, del norte de Brasil, sino acá vemos una playa con una vegetación más fuerte... "más verde". Nosotros, después de la combinación de buses y micros, logramos llegar a Bombinhas. La ciudad, nos pareció bien turística, pero como pensábamos, estaba todo cerrado, era epoca de "no vacaciones". Al horario de almuerzo y baja temporada, así que nos pareció ideal para descansar. Ubicamos nuestra posada que habíamos reservado y logramos dar con ella de manera bien rápida: La Pousada Portal do Sol.

¿Que podemos hacer en Bombinhas?... Todo y nada a la vez
La gente nos recibió de maravillas. Me gusta el concepto de "posadas" que tienen en Brasil, siempre en las zonas costeras llegamos a este híbrido entre hotel y hostal, con un ambiente siempre de relajos. Por unos 35 dolares la noche, por los dos, con un desayuno grotesco, en una posada que contaba con un edificio de 3 pisos para alojar a la gente, una gran piscina con un jacuzzi, unas parrillas para asado, una mesa de pool y varias hamacas y sillas de mimbre para descansar. El lugar era el indicado y ese fue nuestro panorama, descansar. La lectura se apoderó de nuestra estadía. De día, caminábamos por alguna de las 26 playas que hay en Bombinhas, buscábamos algún lugar para comer, pero casi siempre nos encontrábamos todo cerrado, era temporada muy baja, demasiado baja. ¿Nuestra playa favorita? La de 4 islas, fuimos los únicos que estábamos bañándonos, cuando empezó a caer una lluvia fina que nos empapó, en el agua y también en la playa, fue genial.

Hay carnecita
Esta es la mejor de las cervezas de grandes compañías brasileñas
Pero también hay cultura cervecera

Y de muy buena calidad
¿Otro dato?... los brasileños no conocen el agua fría.
- "¿Están seguros que van a ir a la playa?" Nos miraba con una cara desorbitada Marcos, el administrador de la posada.
"- Pero muchachos, es invierno, el agua es helada" - Nos decía
Luego, él, se acordó que nosotros los chilenos, nos bañamos en aguas realmente heladas, asi que se resigno a vernos partir, felices, rumbo a la playa. El agua, quitada de hielo, permitía bañarnos y nos refrescó después del viaje. El mar permite esa sensación de pureza, de refrescar el alma. Imaginen esa sensación en una playa solo para nosotros dos: perfecto.
Selfie playera
Caminata playera
Atardecer playero

Playa de las 4 islas

¿Una cosa más?... los brasileños si saben de lluvias.
Volvimos a la posada, con esa lluvia fina que no paraba. A las horas la lluvia que cayó fue tan grande, que cayó un rayo al frente de la posada y se fue a negro toda la luz de la mitad de la posada... diré una confesión: Cuando cayó el rayo, realmente me asusté. Como que atine a taparme la cabeza y lanzarme al piso, imaginando que era una especie de bomba... es que caer un rayo a metros suena fuerte, demasiado fuerte. Por suerte solo fue el susto. Nos movieron de habitación para que pudiéramos descansar, finalmente quedamos en un lugar más amplio y más cómodo. Muy amables los muchachos. Sobre la lluvia, este video puede describirlo.





¿Un último dato? Déjese querer en Brasil.
La hoteleria y el turismo están muy desarrollados en el país carioca. Déjese querer, camine por sus playas, no planeé mucho, lea mucho y coma más, especialmente al desayuno. Brasil tiene una cantidad de frutas que maravilla. Las masitas y la tremenda influencia de los miles de migrantes que llegaron desde el interior del país, desde África y Europa. Esto se nota en su mesa.

Fueron 4 días de descanso, muy agradables que permitieron cargar pilas, antes de pasar por la última ciudad previa al regreso. Ahora el mismo recorrido de las micros hasta el Terminal de Itapema, aunque ya más familiarizado con los buses locales. Porto Alegre nos esperaba, pero eso quedará para otro capítulo.

La espera del bus de vuelta:

Aún no viene el bus

Ya ahora vendrá 
Ahí llegó!
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viernes, 8 de diciembre de 2017

Brasil

Recorridos por Brasil

Recorrido 2017

Foz de Iguazú y el Parque de las Aves

Fines de mayo, 2017.

Se acabaron los días de descanso, era paradójico pensar esto cuando íbamos a entrar a Brasil, el cuarto país de este pequeño viaje. Cuando uno piensa en Brasil, se imagina playas y carnaval, las dos veces que había recorrido el país fue para el lado de Recife y Salvador y acá uno se olvida que Brasil es el quinto país más grande del mundo. Era momento de entrar, pero por el sur, con ese Brasil que sale de la postal, una zona de por si más industrializada, donde la selva paranaerense se funde con los gauchos, pero vamos por parte.

Bem-vindo a Brazil :D

Cruzamos desde Puerto Iguazú hacia Foz de Iguazú por el Puente Tancredo Neves. El trámite es breve en Aduanas, solo llenar unas formas y listo. Lo especial, es que como son ciudades fronterizas, uno debe "solicitar" las formas, porque tienes permitido moverte a ambos lados de la frontera, por un radio de 30 kilómetros de Foz de Iguazú, pero si te alejarás más, debes pedir estos documentos para "entrar oficialmente a Brasil. Les explico en español: si vas desde Puerto Iguazú a Foz, y te quedas en Foz, no hay que hacer más que mostrar tus documentos de identidad en la aduana y decir que no saldrás de la ciudad, ahora bien, si quieres seguir de largo a otra ciudad, debes pedir las formas para llenar, avisando que saldrás del radio de Foz. Nadie te seguirá si no llenas los papeles, pero podrías tener problemas para salir del país por otro paso fronterizo. Para nosotros los chilenos es extraño este proceso, porque no tenemos ciudades fronterizas, pero es más común de lo que uno cree, en países que solo están separados por una calle, o un puente. Sería utópico cruzar las fronteras del mundo por pasos sin que te pidan documentos, quizás un mundo futuro.

Foz de Iguazú es la ciudad más grande de las que conforman la Triple Frontera. Tiene bastantes más edificios que sus vecinas y se ve más inversión del país brasileño en su infraestructura, en comparación a su vecina del lado argentino. Nos dirigimos a una boletería de buses, para comprar un ticket rumbo a Bombhinas, como nos había sugerido Oscar. Encontramos un ticket bien de noche, entonces nos daba todo un día para recorrer "Boca de Iguazú", como sonaría traducida la ciudad al español.

Lo primero fue irnos al terminal de micros, llamado Taxi Terminal de Trasporte Urbano. Ahí salen las micros locales que recorren la ciudad, pero también sale una micro que te lleva al Parque do Iguazú, del lado brasileño. Dejamos nuestras mochilas en una custodia y partimos a esperar la micro. Luego de 40 minutos, previa parada en el aeropuerto, nos internamos nuevamente en la Selva Paranaense y volvíamos a las Cataratas del Iguazú, pero ahora pronunciado en portugués.

El ingreso al parque por el lado brasileño
En la entrada del Parque, existe una gran recepción, donde hay servicios básicos y la boletería. La entrada sale 60 reales, los del Mercosur pagan menos, pero los chilenos nuevamente nos vemos excluidos de estos tratados, parece que ahora si somos los vecinos pesados del barrio, debemos pagar el precio mencionado. Fuera que mal o bien, cancelamos el precio, que haciendo el cambio es bastante similar entre el lado argentino y el brasileño. Ahora bien, esto tendría sentido pues veremos las cataratas del lado contrario a como las vimos el día anterior, acá viene el detalles: el costado brasileño de las cataratas es bastante menor que el lado argentino y se puede recorrer fácilmente en un par de horas. Quizás la única gran diferencia, es el ingreso, con un tren por el lado argentino y ahora por un bus de esos turísticos descapotables típico de las grandes ciudades, por el lado brasileño. Luego de unos 15 minutos avanzando, nos detuvimos en una gran explanada, donde teníamos balcón a las cataratas. La gran ventaja del lado brasileño es que su pequeña mitad de las cataratas, permiten "adentrarse" bajo la garganta del diablo, no directamente, pero dan un matiz más majestuoso e imponente de la maravilla natural, en pocas palabras, es menos, pero se ve mejor.




Como nos quedaban un par de horas, decidimos volver a la entrada de las cataratas para luego cruzar la calle, rumbo al Parque de las Aves. Fuimos con muy pocas expectativas a este lugar, pero es infinitamente mejor que el panorama de los dos parques, omitiendo la catarata, obviamente. El Parque das Aves es un centro, internacionalmente reconocido, por la preservación y recuperación de especies protegidas, y lamentablemente, utilizadas en el contrabando de animales exóticos. Es un lugar muy acogedor, muy bien señalizado y que permite recorrer tranquilamente en un circuito, un amplio terreno donde puedes compartir con el hábitat de las aves. Ojo, que no son los únicos residentes del lugar, pues también hay diferentes especies de lagartos y hasta un par de boas constrictoras y pitones, que algunas gentilmente posaron para las fotografías.

Sesión, Parque de las fotogénicas aves
















Lamentablemente se nos iba el tiempo, pero fue lo suficiente, el parque Iguazú y el Parque de las Aves, por el lado brasileño, se recorre fácil en un día. Hay más panoramas en la zona, como la inmensa Represa Itapú, pero queríamos irnos a la costa. Entonces teníamos ticket en el bus, pero debimos movernos a otro terminal, este para el transporte interurbano. Por fin aparecían los terminales de buses que se parecen a terminales de buses. Tomamos uno que se desplazaría entre Iguazú y Curitiba, para luego dirigirse cerca de Florianopolis, hasta el próximo destino, Bombinhas. Serían varias horas de trayecto, habían ansias por llegar luego, en un bus que se detuvo por toda la costa del estado de Santa Catarina. Sabíamos que Bombinhas es un lugar para descansar, pero eso queda para otro capitulo.

Se nos venían 1.000 kms en bus.


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